Un Amante de ensueño [[nιck y тu]] ♥

jonatica 4ever!!

jonatica 4ever!!

MI JONAS IDEAL

UN AMANTE DE ENSUEÑO [Nick y Tu] cap. 12 mitd de la partehh 2

Parte 2

Él se encogió de hombros.

- No tenía otra cosa que hacer. -Aunque lo dijo con un tono despreocupado, algo en su actitud traicionaba su pretendida indiferencia.

- Aún así, te lo agradezco mucho -le dijo ella mientras entraba y miraba todo el trabajo que había hecho. Con el corazón en la garganta, colocó las manos sobre la cama de caoba-. Ésta era la cama de mi abuela -le dijo-. Todavía escucho la voz de mi madre cuando me contaba cómo mi abuelo la hizo para ella. Era carpintero.

Con la mandíbula tensa, Nick contempló la mano de ______.

- Es duro, ¿verdad?

- ¿Qué?

- Dejar que los seres amados se vayan.

_______ sabía que Nick hablaba desde el fondo de su corazón. El corazón de un padre que añoraba a sus hijos.

Aunque la pesadilla ya no le persiguiese por las noches, ella le oía susurrar sus nombres, y se preguntaba si era consciente de la frecuencia con la que soñaba con ellos. Se preguntaba cuántas veces al día pensaba en ellos y sufría por su muerte.

- Sí -le contestó en voz baja-, pero tú lo sabes mejor que yo, ¿no es cierto?

Nick no contestó.

_________ dejó que su mirada vagara por la habitación.

- Supongo que ya va siendo hora de seguir adelante, pero te juro que aún puedo escucharlos, sentirlos.

- Es su amor lo que percibes. Aún está dentro de ti.

- ¿Sabes? creo que tienes razón.

- ¡Eh! -gritó Yarelis desde la puerta, interrumpiéndolos-. joe está encargando una pizza, ¿os apetece comer algo?

- Sí -contestó ____.

- ¿Y tú? -le preguntó yarelis a Nick.

Nick sonrió a _____.

- Me encantaría comer pizza.

______ soltó una carcajada al recordar cómo Nick le había pedido pizza la noche que lo invocaron.

- Vale -dijo Yere-, pizza para todos.

Nick le dio a ____ los anillos de su madre.

- Los encontré en el suelo.

Se acercó a la cómoda para guardarlos, pero se detuvo. En lugar de eso, se los colocó en la mano derecha y, por primera vez después de unos cuantos años, se sintió reconfortada al verlos.

Al salir de la habitación, Nick cerró la puerta.

- No -le dijo ______-, déjala abierta.

- ¿Estás segura?

Ella asintió.

Cuando entraron en su dormitorio, vio que Nick también lo había ordenado. Pero al contemplar las estanterías que habían guardado sus libros, ahora vacías, se le rompió de nuevo el corazón.

En esta ocasión no protestó cuando Nick cerró la puerta.

 

Horas más tarde y después de haber comido, ____ pudo convencer a Yare y a Joe de que se fueran.

- Estoy bien, de verdad -les aseguró por enésima vez en la puerta. Agradecida por la presencia de Nick, colocó la mano sobre su brazo-. Además, tengo a Nick

yarelis la miró con severidad.

- Si necesitas algo, me llamas.

- Lo haré.

Sin sentirse segura del todo, ______cerró la puerta principal y subió a la habitación. Nick la siguió.

Se tumbaron en la cama, uno junto al otro.

- Me siento tan vulnerable... -susurró.

Él le acarició el pelo.

- Lo sé. Cierra los ojos y duerme tranquila. Estoy aquí. Yo te mantendré a salvo.

La rodeó con sus brazos y ella suspiró, reconfortada. Nadie la había consolado nunca como él lo hacía.

Tardó horas en dormirse. Cuando lo hizo, estaba rendida.

 

Se despertó con un silencioso grito.

- Estoy aquí, _____.

Escuchó la voz de Nick a su lado y se calmó al instante.

- Gracias a Dios que eres tú -murmuró-. Tenía una pesadilla.

Nick depositó un ligero beso en su hombro.

- Lo sé.

Ella le dio un apretón en la mano antes de salir de la cama y prepararse para ir al trabajo.

Cuando intentó vestirse, le temblaban tanto las manos que no fue capaz de abotonarse la camisa.

- Déjame a mí -se ofreció Nick, apartándole las manos para poder hacerlo él-. No tienes por qué estar asustada, ______. No dejaré que ese tipo te haga nada.

- Lo sé. Sé que la policía lo atrapará y, entonces, todo habrá acabado.

Él no contestó, y siguió ayudándola a colocarse la ropa.

Una vez estuvieron preparados, ________ condujo hasta la consulta, situada en el centro de la ciudad. Tenía un nudo tan grande en el estómago que le costaba respirar. Pero no podía encerrarse. No iba a dejar que Rodney controlara su vida. Ella era la que llevaba las riendas y nadie iba a cambiar eso. No sin luchar.

No obstante, estaba muy agradecida por la presencia de Nick. La reconfortaba de tal modo que no quería pensar demasiado a fondo en el porqué.

- ¿Cómo se llama esto? -preguntó Nick cuando entraron al antiguo ascensor del edificio de finales de siglo.

Ella le enseñó cómo tirar para cerrar la puerta y, de inmediato, percibió la incomodidad de Nick al quedarse encerrados.

- Es un ascensor -le explicó _____-. Aprietas estos botones y subes a la planta que quieres. Yo trabajo en el último piso, que es el octavo. -Y apretó el botón de diseño antiguo.

Nick se puso aún más nervioso cuando comenzaron a ascender.

- ¿Es seguro?

Ella alzó una ceja y lo miró con curiosidad.

- No me puedo creer que el hombre que se enfrentaba sin miedo a los ejércitos romanos esté ahora asustado de un simple ascensor.

Nick le dedicó una mirada irritada.

- Sé lo que son los romanos, pero esto me resulta desconocido

______ le rodeó el brazo con el suyo.

- No es muy complicado. -Señaló a la trampilla del techo-. Sobre esa puertecilla hay unos cables que suben y bajan la cabina, y también hay un teléfono -dijo, señalando el intercomunicador situado bajo los botones-. Si el ascensor se queda atascado, lo único que hay que hacer es apretar el botón del teléfono y, el equipo de emergencia acudirá de inmediato.

Los ojos de Nick se oscurecieron.

- ¿Y suele quedarse atascado con mucha frecuencia?

- La verdad, no. Llevo trabajando en este edificio cuatro años y no ha sucedido ni una sola vez.

- Y si no estabas dentro, ¿cómo lo sabes?

- Los ascensores tienen una alarma que se activa si se quedan atascados. Confía en mí, si nos quedamos encerrados aquí dentro alguien nos oirá.

Nick dejó vagar su mirada alrededor del reducido espacio y, por la luz que había en sus ojos ____ supo las malvadas ideas que le pasaban por la cabeza.

- ¿Puedes hacer que se detenga a propósito?

Ella se rió a carcajadas.

- Sí, pero no quiero que me pillen en flagrante delicto en el trabajo.

Él inclinó la cabeza y depositó un leve beso en su mejilla.

- Pero ser pillado en flagrante delicto en el trabajo puede ser muy divertido.

______ lo abrazó con fuerza. ¿Qué había en él que le hacía sentirse feliz? Sin importar lo que ocurriera, Nick siempre conseguía que las cosas fueran mucho más divertidas. Más brillantes.

- Eres malo -le dijo, y se apartó de él de mala gana.

- Cierto, pero te encanta.

Ella volvió a reírse.

- Tienes toda la razón. Me encanta que seas malo.

Las puertas se abrieron y ______ se encaminó hacia su consulta, situada muy cerca del ascensor. Nick la siguió.

Lisa los miró cuando entraron y abrió los ojos de par en par. Sus labios dibujaron una amplia sonrisa al contemplar a Nick.

- Doctora _____ -dijo, jugueteando con un mechón rubio de sus cabellos-, su novio es una bomba.

Meneando la cabeza, ______ los presentó y, después, le enseño a Nick su consulta. Él se quedó de pie, observando a través de los ventanales mientras ______ encendía el ordenador y dejaba el bolso en el cajón de su escritorio.

Ella se detuvo al percibir que Nick la miraba fijamente.

- ¿De verdad vas a pasarte todo el día aquí?

Él se encogió de hombros.

- No tengo nada mejor que hacer.

- Te vas a aburrir.

- Te aseguro que estoy más que acostumbrado al aburrimiento.

Lo malo era que _____ lo sabía. Colocó una mano sobre su mejilla al imaginárselo dentro del libro, solo, encerrado en la más completa oscuridad.

Se puso de puntillas y lo besó con ternura.

- Gracias por acompañarme hoy. No creo que hubiera podido estar aquí de no ser por ti.

Él mordisqueó sus labios.

- Es un placer.

Lisa la llamó por el intercomunicador.

- Doctora _____, su cita de las ocho está aquí.

- Esperaré fuera -le dijo Nick.

______ le dio un apretón en la mano antes de dejar que se marchara.

Durante la siguiente hora, no fue capaz de concentrarse en su paciente. Sus pensamientos volaban al hombre que la aguardaba fuera, y no paraban de dar vueltas a lo mucho que significaba para ella.

 

 

Chicass PERDOOOONN!! ya sabeen qe YO LAS AMOO!! =DD proo no avia podidoo SUbir andoo uff bn estresadaa boy  participar en el concursoo de poesiass =S y andoo bn Nerviosaa =S y luegoo uff Isaac mi lindoo bby (mii novioo <3)  andaa bn depree y lo qiero animar =S y le avia dichoo del maratonn aoritaa no boy poder subirloo proo intentaree subir todoos los diass y en cuuantoo Puedaa maratonn saalee LAS AMOO!! <3 by: asshantii,,CaneLaa o IsaaQsiTahh =DD

UN AMANTE DE ENSUEÑO [Nick y Tu] cap. 12 y voten poraForr!! =DD

Capítulo 12

Parte 1

Llegaron a casa al mismo tiempo que la policía.

El joven y musculoso agente miró con suspicacia a Nick.

- ¿Quién es?

- Un amigo -le contestó _______.

El policía alargó la mano hacia ella.

- De acuerdo, déme las llaves y déjenos echar un vistazo. El agente Reynolds se quedará con ustedes aquí fuera hasta que lo revisemos todo.

__________ le entregó obedientemente el juego de llaves.

Comenzó a mordisquearse las uñas mientras observaba cómo el policía entraba a su hogar.

Por favor, que Rodney Carmichael esté dentro todavía.

Pero no estaba. El policía salió poco después meneando la cabeza.

- ¡Joder! -exclamó ______ en voz baja.

El agente Reynolds la acompañó hasta la casa y Nick los siguió un poco rezagado.

- Necesitamos que entre y eche un vistazo para ver si falta algo.

- ¿Ha hecho algún estropicio? -preguntó ella.

- Sólo en los dormitorios.

Con el corazón en un puño, _______ entró en su casa y subió las escaleras para ir a su habitación.

Nick la siguió y observó cómo se mantenía rígida y distante. Tenía el rostro tan pálido que las pecas resultaban mucho más evidentes. Podría matar al tipo que le había hecho esto. Ninguna mujer debería pasar tanto miedo, especialmente en su propio hogar.

Cuando llegaron al piso superior, Nick vio que la puerta de la habitación del final del pasillo estaba entreabierta. _______ corrió hacia allí.

- ¡No! -jadeó.

Se apresuró a seguirla.

Nick comenzó a verlo todo rojo al contemplar el sufrimiento que reflejaba el rostro de _____. Podía sentir su dolor en el corazón como si fuese el suyo propio.

Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas mientras observaba el desorden. El colchón estaba tirado en el suelo, las sábanas desgarradas, los cajones abiertos y su contenido esparcido, como si Céfiro hubiera pasado por allí en mitad de un arranque de mal humor.

Nick le colocó las manos sobre los hombros para reconfortarla.

- ¿Cómo ha podido hacerle esto a su habitación? -preguntó ____

- ¿De quién es esta habitación? -preguntó el agente Reynolds-. Creía que vivía sola.

- Y lo hago. Ésta era la habitación de mis padres. Murieron hace tiempo -miró a uno y otro lado, incrédula. Una cosa era que fuese tras ella, pero ¿por qué había hecho esto?

Contempló la ropa esparcida por el suelo; ropa que le traía a la memoria tantos recuerdos maravillosos... Las camisas que su padre llevaba al trabajo; el jersey favorito de su madre y que ella siempre le pedía prestado; los pendientes que su padre había regalado a su madre en su último aniversario de boda. Todo estaba desparramado por la habitación, como si no tuviese valor alguno.

Pero para ella eran objetos muy valiosos. Era lo único que le quedaba de ellos. El dolor le desgarraba el corazón.

- ¿Cómo ha podido hacerlo? -preguntó, mientras la rabia se abría paso en su interior.

Nick la atrajo hacia sus brazos y la sostuvo con fuerza.

- No pasa nada, ______ -murmuró sobre su pelo.

Pero sí que pasaba. ____ dudaba poder superar aquello alguna vez. No podía dejar de pensar en las manos de ese animal tocando la ropa de su madre o desgarrando las sábanas. ¡Cómo se había atrevido!

Nick miró al agente de policía.

- No se preocupe -dijo el hombre-, encontraremos al tipo.

- ¿Y después qué? -preguntó Nick.

- Eso tendrá que decidirlo un tribunal.

Nick lo miró de arriba abajo y soltó un gruñido, asqueado. Tribunales. No entendía cómo un tribunal moderno podía permitir que un animal así estuviese suelto.

- Sé que todo esto es duro -comentó el agente-. Pero necesitamos que compruebe si se ha llevado algo, doctora Alexander.

Ella asintió.

A Nick le sorprendió el coraje que demostró al desprenderse de su abrazo y limpiarse las lágrimas. Comenzó a inspeccionar todo aquel desastre. Él se arrodilló a su lado; quería estar cerca por si lo necesitaba de nuevo.

Después de comprobarlo todo concienzudamente, _____ cruzó los brazos sobre el pecho y lanzó una rápida mirada al agente.

- No falta nada -le dijo, y salió de la habitación para ir a la suya.

Entró en ella con mucha aprensión. Un rápido vistazo le indicó que su dormitorio había sufrido los mismos daños que el de sus padres. Había registrado meticulosamente tanto la ropa de Nick como la suya. Toda la lencería estaba tirada por el suelo, había desgarrado las sábanas y el colchón estaba ladeado.

Ojalá Rodney hubiese encontrado la espada de Nick bajo la cama y hubiese cometido el error de tocarla. Eso sí que habría sido una justa recompensa.

Pero no la había visto. De hecho, el escudo aún seguía apoyado sobre la pared, junto a la cama, donde él lo dejó.

______ se sentía casi violada al contemplar toda su ropa esparcida por la habitación; como si las manos de Rodney hubiesen tocado su cuerpo.

En ese momento, vio la puerta del vestidor ligeramente abierta. Estaba muerta de miedo mientras se acercaba para abrirla y mirar en el interior. Entonces se sintió como si el tipo le hubiese arrancado el corazón y lo hubiese aplastado.

- Mis libros -murmuró.

Nick cruzó la habitación para ver lo que _____ estaba mirando. Se quedó sin respiración al llegar junto a ella.

Todos los libros habían sido destrozados.

- Mis libros no -balbució, cayendo de rodillas.

Le temblaba la mano al pasarla sobre las hojas de los libros que su padre había escrito. Eran irremplazables. Jamás podría abrirlos de nuevo y escuchar su voz hablándole desde el pasado. No podría abrir Belleza Negra y oír a su madre mientras se lo leía.

Todo había desaparecido.

Rodney Carmichael acababa de matar de nuevo a sus padres.

______ se fijó entonces en lo que quedaba de su ejemplar de La Ilíada. Los ojos se le llenaron de lágrimas al recordar la expresión de Nick mientras pasaba sus páginas. Las horas que habían pasado juntos mientras ella lo leía. Habían sido unos momentos muy especiales, mágicos; los dos tumbados frente al sofá, perdidos en la historia, como si hubiesen estado en un reino privado, sólo de ellos dos. Su propio paraíso.

- Los ha destrozado todos -murmuró-. ¡Dios! Ha debido pasar horas aquí.

- Señora, sólo son...

Nick agarró al agente Reynolds por el brazo y lo sacó de la habitación.

- Para ella son mucho más que simples libros -le dijo entre dientes-. No se atreva a burlarse de su dolor.

- ¡Vaya! -exclamó el hombre avergonzado-. Lo siento.

Nick volvió junto a ________.

Sollozaba incontrolablemente mientras pasaba las manos sobre las hojas sueltas.

- ¿Por qué lo ha hecho?

Él la levantó, la sacó del vestidor y la acostó en la cama. Ella no lo soltó. Se aferraba a él con tanta fuerza que a Nick le costaba trabajo respirar, y lloraba como si el corazón estuviese rompiéndosele a pedazos.

En ese momento, Nick quiso matar al hombre que le había hecho esto.

Sonó el teléfono.

________ gritó y forcejeó para incorporarse.

- Shh -le dijo Nick, mientras le limpiaba las lágrimas y la sostenía, impidiendo que se moviera-. No pasa nada. Estoy aquí, contigo.

El agente Reynolds le pasó el teléfono.

- Conteste, por si es él.

Nick miró con furia al hombre. ¿Cómo podía ser tan insensible? ¿Cómo podía pedirle que hablara con ese perro rabioso?

- Hola, Yarelis -saludó ____, y volvió a estallar en lágrimas mientras le contaba a su amiga lo que había sucedido.

La mente de Nick bullía al pensar en el hombre que había invadido la casa de ________ y la había herido tan profundamente. Lo que más le preocupaba era que el tipo sabía dónde golpear. Conocía a _____. Sabía lo que era importante para ella.

Y eso le hacía mucho más peligroso de lo que la policía sospechaba.

Ella colgó el teléfono.

- Siento mucho haber perdido el control -dijo, limpiándose las lágrimas-. Ha sido un día muy largo.

- Sí, señora, lo entendemos.

Nick  observó cómo se recomponía; _____ tenía una fuerza de voluntad que muy pocos hombres poseían.

Acompañó al policía por el resto de la casa.

- No debe haber visto este libro -dijo uno de los agentes con el libro de Nick en la mano, ofreciéndoselo a ella.

Nick lo cogió de las manos de _____. Al contrario que el agente, él no estaba tan seguro. Si el bastardo había intentado romperlo, se habría llevado una desagradable sorpresa.

No podía ser destruido. Él mismo había intentado hacerlo en incontables ocasiones a lo largo de los siglos. Pero ni siquiera el fuego hacía mella en él. El libro le hizo recordar las palabras de _______.

Él se iría en unos cuantos días y ella se quedaría sola, sin nadie que la protegiera. Y esa idea lo enfermaba.

 

Los agentes se marcharon en el mismo instante que Yarelis llegaba en su coche. Salió del Jeep acompañada de un hombre alto y moreno que llevaba el brazo en un cabestrillo. Yarelis prácticamente corrió hasta la puerta.

- ¿Estás bien? -le preguntó a _____ mientras la abrazaba con fuerza.

- Sí -le contestó ella. Miró sobre su hombro y entonces saludó al hombre-. Hola Joe.

- Hola ____. Hemos venido a echarte una mano.

Ella le presentó a Nick y los cuatro entraron en la casa.

Nick detuvo a Yarelis tan pronto como estuvieron dentro, y la llevó aparte.

- ¿Puedes mantenerla un rato aquí abajo?

- ¿Por qué?

- Tengo que ocuparme de algo.

Yare frunció el ceño.

- Claro, no hay problema.

Esperó hasta que yare y su marido sentaron a ______ en el sofá. Entonces, fue a la cocina, cogió un par de bolsas de basura y se encaminó al vestidor.

Tan rápido como pudo, comenzó a ordenar todo aquel desastre para que _____ no tuviera que verlo de nuevo. Pero con cada trozo de papel que tocaba, su ira crecía.

Una y otra vez acudía a su mente la tierna expresión de ____ mientras buscaba un libro entre toda su colección. Si cerraba los ojos podía ver su pelo desparramado sobre su pecho mientras leía.

En ese momento, quiso la sangre de este tipo.

- ¡Joder! -exclamó Joe desde la puerta-. ¿Esto lo ha hecho él?

- Sí.

- Tío, menudo psicópata.

Nick no dijo nada y continuó arrojando los papeles a la bolsa. Su alma gritaba, clamando venganza. Lo que sentía hacia Príapo era una leve sombra de lo que en esos momentos pasaba por su mente.

Una cosa era hacerle daño a él. Pero herir a _______...

Ya podían tener las Parcas compasión de ese tipo, porque él no pensaba tener ninguna.

- ¿Llevas mucho saliendo con _____?

- No.

- Eso me parecía. Yare no te ha mencionado, pero pensándolo bien, tampoco se ha mostrado tan preocupada porque ______ se quedara sola desde su cumpleaños. Supongo que os conocisteis entonces.

- Sí.

- Sí, no, sí. No eres muy hablador, ¿verdad?

- No.

- Vale, lo he cogido. Hasta luego.

Nick se detuvo cuando encontró la cubierta de Peter Pan. La cogió y apretó los dientes. El dolor lo asaltó de nuevo. Ese libro era el preferido de _______.

Lo apretó con fuerza un instante y después lo arrojó a la bolsa con el resto.

 

_____ no fue consciente del tiempo que pasó sentada en el sofá, sin moverse. Sólo sabía que se encontraba muy mal. El golpe de Rodney había sido muy fuerte.

Yare le trajo una taza de chocolate caliente.

Ella intentó beber, pero le temblaban tanto las manos que tuvo miedo de derramarlo y lo dejó a un lado.

- Supongo que necesito limpiarlo todo.

- Ya lo está haciendo Nick -le dijo Joe, que estaba sentado en el sillón haciendo zapping.

_____ frunció el ceño.

- ¿Qué?, ¿desde cuando?

- Hace poco estaba arriba, recogiéndolo todo en el vestidor.

Boquiabierta por la sorpresa, _____subió en su búsqueda.

Nick estaba en la habitación de sus padres. Desde la puerta, observó cómo acaba de poner orden y se enderezaba. Dobló los pantalones de su padre de un modo que haría que Martha Stewart[1] hiciese una mueca de dolor, los colocó en el cajón y lo cerró.

La ternura la invadió ante la imagen del que fuera un legendario general ordenando su casa para evitar que ella sufriera. Su delicadeza le llegó al corazón.

Nick alzó los ojos y descubrió a _____. La honda preocupación que reflejaban sus ojos azules la reconfortó.

- Gracias -dijo ella.

 

[1] Martha Stewart: Conocida decoradora, directora de varias publicaciones de consejos para el hogar. (N. de la T.)

 

Chicass PoraForr VoTenn x MIii =DD

 

estoy nominadaa pra mejor nove de nick y mejor nove romanticaa!! L A S A M O !  !

 

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UN AMANTE DE ENSUEÑO [Nick y Tu] cap. 11 lo qe faLtabaa de La parThe 4

                 LO QE FALTABA DE LA PARTHE 4

_________obedeció. Él deslizó los dedos por su garganta, causándole una oleada de escalofríos. Ella tragó, sorprendida por la ternura de sus caricias. Sorprendida por lo bien que se sentía con él a su lado.

- Abre la boca -le dijo en voz baja, mientras le rozaba el cuello con la nariz.

Ella volvió a obedecer.

Nick dejó que la ostra resbalara hasta su boca. Cuando ____ la tragó y comenzó a bajar por su garganta,  Nick pasó la lengua por su cuello en dirección contraria.

_______ se estremeció ante la inesperada sensación. Los pezones se le endurecieron y un millón de escalofríos recorrieron su piel. ¡Era increíble! Y por primera vez, no le importó para nada el sabor de la ostra.

- ¿Te ha gustado? -le preguntó, juguetón.

Ella no pudo evitar sonreír.

- Eres incorregible.

- Eso intento.

- Y lo consigues a las mil maravillas.

Antes de que Nick pudiera responder, sonó su teléfono móvil.

- ¡Puf! -resopló mientras lo sacaba del bolso. Quienquiera que fuese, ya podía tener algo importante que decirle.

Contestó.

- ¿_____?

Ella se encogió al escuchar la voz de Rodney.

- Señor Carmichael, ¿cómo ha conseguido este número de teléfono?

- Estaba apuntado en tu Rodolex. Vine a tu casa a verte, pero no estás -y suspiró-. Estaba deseando pasar el día contigo. Tenemos una conversación pendiente. Pero no pasa nada. Puedo reunirme contigo, ¿estás en el Barrio Francés con tu amiga la vidente?

El miedo la paralizó.

- ¿Cómo conoce a mi amiga?

- Sé muchas cosas de ti, Grace. ¡Mmm! -masculló en voz baja-. Perfumas los cajones de tu ropa interior con popurrí de rosas.

El terror la poseyó por completo y no pudo moverse. Comenzaron a temblarle las manos.

- ¿Está en mi casa?

Podía oír cómo abría y cerraba los cajones de su cómoda, a través del teléfono. De repente, el tipo soltó una maldición.

- ¡Zorra! -espetó Rodney-. ¿Quién es él? ¿Con quién coño te has estado acostando?

- Eso es...

La comunicación se cortó.

Grace estaba temblando, tanto que apenas si podía respirar cuando colgó el teléfono.

- ¿Qué sucede? -le preguntó Nick, con el ceño fruncido por la preocupación.

- Rodney está en mi casa -le dijo con voz temblorosa. Marcó de inmediato el número de la policía para notificarlo.

- Nos encontraremos allí -le informó el agente-. No entre en su domicilio hasta que lleguemos.

- No se preocupe, no lo haré.

Nick le cogió las manos.

- Estás temblando.

- ¡No me digas! Resulta que tengo a un psicópata metido en mi casa, olfateando mi lencería e insultándome. ¿Por qué iba a temblar?

Sus ojos de azul profundo la tranquilizaron con una mirada protectora. Le apretó las manos suavemente.

- Sabes que no voy a permitir que te haga daño.

- Te lo agradezco mucho, Nick. Pero este hombre está...

- Muerto si se acerca a ti. Sabes que no te abandonaré.

- Por lo menos no hasta la próxima luna llena.

Nick apartó la mirada y ella asimiló la verdad.

- No pasa nada -dijo ella con valentía-. Puedo hacerme cargo de esto, de verdad. He estado sola durante años. Ésta no es la primera vez que un cliente me acosa. Y dudo mucho que vaya a ser el último.

Los ojos de Nick lanzaron llamaradas azules cuando la miró.

- ¿Cuántos de tus pacientes te han acosado?

- No es tu problema, sino el mío.

Nick siguió mirándola como si estuviese a punto de estrangularla.

UN AMANTE DE ENSUEÑO [Nick y Tu] cap 11 mitad de la parte 4


Parte 4

- Se cruzó en mi camino.

Vale, no era eso lo que ella esperaba escuchar.

- Y a ti no te gusta que nadie se cruce en tu camino, ¿cierto?

- ¿Te gusta a ti?

Ella sopesó la pregunta antes de responder.

- Supongo que no.

Para cuando llegaron a Bourbon Street, la calle había sido invadida por la multitud típica de un domingo por la tarde. ____ se abanicó el rostro, luchando contra el intenso calor.

Miró a Nick, que apenas si sudaba; las gotitas de sudor le conferían un nuevo atractivo. El pelo húmedo se le rizaba alrededor de la cara y con esas gafas oscuras... ¡Ooooh, Señor!

Por supuesto que su atractivo quedaba aún más enfatizado gracias a la camiseta blanca, de mangas cortas, que se le adhería a los hombros y a la tableta de chocolate que tenía por abdominales. Mientras dejaba que su mirada vagara hasta el botón de sus vaqueros, deseó haberle comprado unos más anchos.

Pero dado su seductor modo de andar, que decía mucho acerca de su confianza en sí mismo, _____ dudaba mucho de que unos vaqueros más anchos pudiesen ocultar tan tremenda sensualidad.

Nick se detuvo al pasar junto a un club de striptease. A su favor ____ tuvo que admitir que ni siquiera jadeó al mirar a las mujeres tan escandalosamente vestidas, que se contoneaban tras el cristal, pero su sorpresa fue bastante evidente.

Mirándole como si quisiera devorarlo, una exótica bailarina se mordió el labio inferior y se pasó la lengua por él de forma sugerente, mientras se tocaba los pechos. Le hizo un gesto con un dedo para que entrara al local.

Nick se dio la vuelta.

- Nunca habías visto algo así, ¿verdad? -preguntó _____, intentando disimular el malestar que sentía ante los gestos de la mujer, y el alivio que la invadió al ver la reacción de Nick.

- Roma -contestó simplemente.

Ella se rió.

- No eran tan decadentes, ¿o sí?

- Te sorprendería saber cuánto. Por lo menos aquí nadie hace una orgía en... -y su voz se perdió al pasar junto a una pareja que se lo estaba montando en una esquina-. Déjalo.

______ se rió a carcajadas.

- ¡Ooooh Señor! -exclamó una prostituta, al pasar junto a otro club, haciendo un gesto a Nick-. Entra y te lo hago gratis.

Él meneó la cabeza sin detenerse. _____ lo cogió de la mano y lo detuvo.

- ¿Se comportaban así las mujeres antes de la maldición?

Él asintió.

- Por eso el único amigo que tuve fue Kyrian. Los hombres que conocía no podían aguantar la atención que me prestaban; las mujeres me perseguían allí donde estuviésemos, intentando arrancarme la armadura.

______ se detuvo a pensar por un momento.

- Y tú no estás seguro de que todas esas mujeres te amaran, ¿verdad?

La miró con una chispa de diversión.

- El amor y la lujuria no son lo mismo. ¿Cómo puedes amar a alguien a quien no conoces?

- Supongo que tienes razón.

Siguieron caminando por la calle.

- Cuéntame cosas sobre tu amigo. ¿Por qué no le importaba que las mujeres se quedaran con la boca abierta al verte?

Nick sonrió, mostrando sus hoyuelos.

- Kyrian estaba profundamente enamorado de su esposa, y no le importaba ninguna otra mujer. Jamás me vio como un competidor.

- ¿Conociste a su esposa?

Nick negó con la cabeza.

- Aunque nunca lo hablamos, creo que los dos intuíamos que sería una mala idea.

_____ percibió el cambio en su rostro. Estaba recordando a Kyrian, seguro.

- Te culpas por lo que le sucedió, ¿verdad?

Él apretó los dientes mientras imaginaba lo que debía haber sentido su amigo al ser capturado por los romanos. Considerando las ganas que habían tenido de atraparlos a ambos, no había duda de lo que lo habían hecho sufrir antes de matarlo.

- Sí -contestó en voz baja-. Sé que tengo la culpa. Si no hubiese despertado la ira de Príapo, habría estado allí para ayudar a Kyrian a luchar contra ellos.

Y sabía con absoluta certeza que la desgracia de Kyrian provenía del hecho de haber sido tan estúpido como para ser su amigo.

Lanzó un suspiro.

- Una vida brillante que no debería haber acabado así. Si tan sólo hubiese aprendido a controlar su osadía, habría llegado a ser un magnífico gobernador -dijo, cogiendo la mano de Grace y dándole un ligero apretón.

Caminaron en silencio, mientras ______ intentaba pensar en el modo de animarlo.

Al pasar por la Casa del Vudú de Marie Laveau, ella se detuvo y lo arrastró al interior.

Le explicó los orígenes del vudú mientras recorrían el museo de miniaturas.

- ¡Uuuh! -dijo cogiendo un muñeco de vudú de una estantería-. ¿Quieres vestirlo como Príapo y clavarle unos cuantos alfileres?

Nick se rió.

- ¿Por qué no imaginarnos que es Rodney Carmichael?

Grace suprimió una sonrisa.

- Eso sería muy poco profesional por mi parte, ¿no es cierto?... Pero me resulta muy tentador.

Dejó el muñeco en su sitio y se fijó en el mostrador de cristal, donde estaban colocados los amuletos y la bisutería. Justo en el centro, había un collar de cuentas negras, azules y verdes, trenzadas de un modo tan intrincado que daban la sensación de ser un delgado hilo negro.

- Trae buena suerte a quien lo lleva -le dijo la vendedora al percibir el interés de _____-. ¿Le gustaría verlo de cerca?

____ asintió.

- ¿Funciona?

- ¡Sí! Está trenzado siguiendo un poderoso diseño.

____ no estaba muy segura de que debiera creérselo; pero entonces recordó que, hacía apenas una semana, jamás habría creído que dos mujeres borrachas pudieran devolver a la vida a un general Macedonio.

Pagó a la mujer y se acercó a Nick.

- Agáchate -le dijo.

Él la miró con escepticismo.

- ¡Vamos! -le acució ella-. Dame el gusto, anda.

La vendedora se rió al ver a _______ colocarle el amuleto a Nick en el cuello.

- Ese chico no necesita ningún tipo de suerte para aumentar su encanto. Lo que necesita es un hechizo que disperse la atención de todas esas mujeres que le están mirando el trasero ahora que está agachado.

______ miró por encima del hombro de Nick y observó a tres mujeres que babeaban al mirarle el culo. Por primera vez, sintió un horrible ramalazo de celos.

Pero la sensación se evaporó por completo cuando Nick le dio un cariñoso beso en la mejilla antes de incorporarse. Con una mirada diabólica, le pasó un brazo alrededor de los hombros en un gesto posesivo.

Al pasar junto a las mujeres, _____ no pudo suprimir un travieso impulso. Se detuvo junto a ellas y las interpeló.

- Por cierto, desnudo está muchísimo mejor.

- Y tú que no pierdes oportunidad de comprobarlo, cariño -comentó Nick mientras se ponía las gafas de sol y comenzaba a andar con el brazo aún sobre sus hombros.

Ella le pasó la mano por la cintura y la metió en el bolsillo delantero del pantalón, mientras él la atraía más hacia su cuerpo.

- ¿Sabes una cosa? -le susurró al oído-. Si bajases la mano un poquito más, no me importaría en absoluto.

Ella le dio un pequeño apretón, pero dejó la mano donde estaba.

Las miradas de envidia de las mujeres los persiguieron mientras se alejaban caminando por la acera.

Para cenar, _____ llevó a Nick a la Marisquería de Mike Anderson. Hizo una mueca al ver que depositaban un plato de ostras para Nick sobre la mesa.

- ¡Puaj! -exclamó ella cuando él se comió una.

Muy ofendido, Nick resopló.

- Están deliciosas.

- Para nada.

- Eso es porque no sabes cómo tienes que comerlas.

- Claro que sé. Abres la boca y dejas que ese bicho viscoso se deslice por tu garganta.

Nick bebió un trago de su cerveza.

- Ésa es una forma de comerlas.

- Así acabas de hacerlo tú.

- Cierto, pero ¿no te gustaría probar otro modo?

Ella se mordió el labio, indecisa. Algo en el comportamiento de Nick le indicaba que podía ser peligroso aceptar su desafío.

- No sé.

- ¿Confías en mí?

- No mucho -resopló ella.

Él se encogió de hombros y dio otro trago a la cerveza.

- Tú te lo pierdes.

- ¡Vale, está bien! -se rindió ella, demasiado curiosa como para continuar negándose-. Pero si me dan arcadas, recuerda que te lo advertí.

Nick tiró de la silla de _______ con los talones hasta colocarla a su lado, tan cerca que sus muslos se rozaban. Se secó las manos en los vaqueros, y cogió la ostra más pequeña.

- Muy bien entonces -le susurró al oído y le pasó el otro brazo por los hombros-. Echa la cabeza hacia atrás.

 

CHicas Les prometoo qe lo MaSz pronto Posible Les suboo MaraTon Zas L A S A M O ! <3

UN AMANTE DE ENSUEÑO [Nick y Tu] cap. 11 parte 3

Parte 3

- El escudo de Zac decía: «El botín para el vencedor». Solía mirarme antes de la lucha, y decir: «Tú te llevas el honor, adelfos~~[1], y yo me quedo con el botín».

___ permaneció en silencio al escuchar el extraño tono de su voz. Intentando imaginar su apariencia con el escudo en alto, se acercó un poco más.

- ¿Zac? ¿El hombre que fue crucificado?

- Sí.

- Lo apreciabas mucho, ¿verdad?

Él sonrió con tristeza.

- Le llevó un tiempo acostumbrarse a mí. Yo tenía veintitrés años cuando su tío lo asignó a mi tropa, después de advertirme concienzudamente de lo que me sucedería si dejaba que Su Altezafuese herido.

- ¿Era un príncipe?

Nick asintió.

- Y no tenía miedo a nada. Apenas si llegaba a los veinte años y luchaba o se metía en peleas sin estar preparado, sin creer que pudiesen hacerle daño. Me daba la sensación de que cada vez que me daba la vuelta, tenía que sacarlo a rastras de algún extraño contratiempo. Pero resultaba muy difícil no apreciarlo. A pesar de su carácter exaltado, tenía un gran sentido del humor y era completamente leal. -Pasó la mano por el escudo-. Ojalá hubiese estado allí para poder salvarlo de los romanos.

___ le acarició el brazo en un gesto comprensivo.

- Estoy segura de que los dos juntos habran sido capaces de salir de cualquier atolladero.

Los ojos de Nick se iluminaron al escucharla.

- Cuando nuestros ejércitos marchaban juntos, éramos invencibles. -Tensó la mandíbula al mirarla-. Hubiese sido cuestión de tiempo que Roma fuese nuestra.

- ¿Por qué depreciabais tanto al Imperio Romano?

- Juré que destruiría Roma el mismo día que conquistaron Primaria. Zac y yo fuimos enviados para ayudarlos en la lucha, pero cuando llegamos era demasiado tarde. Los romanos habían rodeado la ciudad y habían asesinado salvajemente a todas las mujeres y a los niños. Jamás había visto una carnicería semejante. -Su mirada se oscureció-. Estábamos intentando enterrar a los muertos cuando los romanos nos tendieron una emboscada.

___ se quedó helada al escucharlo.

- ¿Qué ocurrió?

- Derroté a Livio y estaba a punto de matarlo en el momento en que intervino Príapo. Lanzó un rayo a mi caballo y caí en mitad de las tropas romanas. Estaba seguro de iba a morir cuando Zac apareció de la nada. Hizo retroceder a Livio hasta que pude ponerme en pie de nuevo. Livio llamó a sus hombres a retirada y desapareció antes de que pudiésemos acabar con él.

___ fue consciente de la proximidad de Nick. Estaba detrás de ella, tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de él. Colocó los brazos a ambos lados de su cuerpo, atrapándola entre él y la cama, y se apoyó sobre su espalda.

Ella apretó los dientes ante la ferocidad del deseo que la invadió. Nick no la estaba tocando, pero sus sentidos estaban tan desbocados como si sus manos la acariciasen. Él inclinó la cabeza y le mordisqueó el cuello.

La sensación de su lengua sobre la piel consiguió que todas sus hormonas cobraran vida. Arqueó la espalda mientras un estremecimiento le recorría los pechos. Si no lo detenía...

- Nick -balbució; su voz no logró trasmitir la advertencia que pretendía.

- Lo sé -susurró él-. Voy de camino a darme una ducha fría.

Mientras salía de la habitación, ___ lo escuchó gruñir una palabra en voz baja:

- Solo.

 

Después de desayunar, ___ decidió enseñarle a conducir.

- Esto es ridículo -protestó Nick mientras ___ aparcaba en el estacionamiento del instituto.

- ¡Venga ya! -se burló ella-. ¿No sientes curiosidad?

- No.

- ¿Que no?

Nick suspiró.

- Esta bien, un poco.

- Bueno, entonces imagina las historias sobre la gran bestia de acero que condujiste alrededor de un aparcamiento que podrás contarles a tus hombres cuando regreses a Macedonia.

Nick la miró perplejo.

- ¿Eso significa que estás de acuerdo con que me marche?

*No,* quiso gritarle. Pero en lugar de eso, suspiró. En el fondo, sabía que jamás podría pedirle que abandonara todo lo que había sido para quedarse con ella.

Nicholas de Macedonia era un héroe. Una leyenda.

Jamás podría ser un hombre de carácter tranquilo del siglo veintiuno.

- Sé que no puedo hacer que te quedes conmigo. No eres un cachorrito abandonado que me ha seguido a casa.

Nick se tensó al escucharla. Tenía razón. Por eso le resultaba tan difícil abandonarla. ¿Cómo podía separarse de la única persona que lo veía como a un hombre?

No sabía por qué quería enseñarlo a conducir pero, de todas formas, notaba que se sentía feliz compartiendo su mundo con él. Y, por alguna razón que no quería analizar demasiado a fondo, le gustaba hacerla feliz.

- Muy bien. Enséñame a dominar a esta bestia.

___ salió del coche para que Nick pudiese sentarse en el asiento del conductor.

Tan pronto como Nick se sentó, ella hizo una mueca al ver a un hombre, de casi un metro noventa, encogido para poder acomodarse en un asiento dispuesto para una mujer de uno sesenta y cinco.

- Lo siento, se me ha olvidado mover el asiento.

- No puedo moverme ni respirar, pero no te preocupes, estoy bien.

Ella se rió.

- Hay una palanca bajo el asiento. Tira de ella y podrás moverlo hacia atrás.

Nick lo intentó, pero el espacio era tan estrecho, que no la alcanzaba.

- Espera, yo lo haré.

Echó la cabeza hacia atrás cuando ___ se inclinó por encima de su muslo y apretó los pechos sobre su pierna para pasarle el brazo entre las rodillas. Su cuerpo reaccionó de inmediato, endureciéndose y comenzando a arder.

Cuando ella apoyó la mejilla sobre su entrepierna al tirar de la palanca, Nick pensó que estaba a punto de morir.

- ¿Te has dado cuenta de que estás en la posición perfecta para...?

- ¡Nick! -exclamó ella, retrocediendo para ver el abultamiento de sus vaqueros. Su rostro adquirió un brillante tono rojo-. Lo siento.

- Yo también -contestó él en voz baja.

Desafortunadamente, todavía tenía que mover el asiento, así que Nick se vio forzado a soportar la postura una vez más.

Apretando los dientes, alzó un brazo y se agarró al reposacabezas con fuerza. Era lo único que podía hacer para no ceder a la salvaje lujuria.

- ¿Estás bien? -le preguntó ella, una vez colocó el asiento en su sitio y volvió al suyo.

- ¡Claro! -contestó él con tono sarcástico-. Teniendo en cuenta que he caminado sobre brasas que resultaron menos dolorosas que lo que está soportando en este momento mi entrepierna, estoy fenomenal.

- Ya te he pedido perdón.

Él la miró fijamente.

___ le dio unas palmaditas en el brazo.

- Venga, ¿llegas bien a los pedales?

- Me encantaría llegar hasta los tuyos...

- ¡Nick! -exclamó de nuevo ___. Era un hombre verdaderamente libidinoso-. ¿Quieres concentrarte?

- De acuerdo, ya me estoy concentrando.

- En mis pechos, no.

Nick bajó la mirada hacia el regazo de ___.

- Ni ahí tampoco.

Para su sorpresa, hizo un puchero semejante al de un niño enfadado. La expresión era tan extraña en él que __ no tuvo más remedio que reírse de nuevo.

- Vale -le dijo ella-. El pedal que está a tu izquierda, es el embrague; el del medio es el freno y el de la derecha, el acelerador. ¿Te acuerdas de lo que te explicado sobre ellos?

- Sí.

- Bien. Ahora, lo primero que tienes que hacer es apretar el embrague y meter la marcha. -Y diciendo esto, colocó la mano sobre la palanca de cambios, situada entre los dos asientos, y le enseñó cómo debía moverla.

- En serio, ___. No deberías acariciar eso de esa forma delante de mí. Es una crueldad por tu parte.

- ¡Nick! ¿Te importaría prestar atención? Estoy intentando enseñarte a cambiar de marcha.

Él resopló.

- Ojalá me cambiaras a mí las marchas del mismo modo.

Con un brillo malicioso en los ojos, soltó el embrague antes de la cuenta y el coche se caló.

- Se supone que esto no debería pasar, ¿verdad? -preguntó.

- No, a menos que quieras tener un accidente.

Él suspiró y lo intentó de nuevo.

Una hora más tarde, después que se las hubiera arreglado para dar una vuelta alrededor del estacionamiento sin golpear los postes y sin que el coche se le calara, ___ se dio por vencida.

- Menos mal que fuiste mejor general que conductor.

- Ja, ja -exclamó él sarcásticamente, pero con un brillo en la mirada que indicó a ___ que no estaba ofendido-. Lo único que alegaré en mi defensa es que el primer vehículo que conduje fue un carro de guerra.

___ le sonrió.

- Bueno, en estas calles no estamos en guerra.

Con una mirada escéptica, él le respondió:

- Yo no diría eso después de haber visto las noticias de la noche. -Apagó el motor-. Creo que dejaré que conduzcas un rato.

- Muy inteligente por tu parte. No puedo permitirme comprar un coche nuevo de ninguna forma.

Salió del coche para cambiar de asiento; pero al cruzarse a la altura del maletero, Nick la sostuvo para darle un beso tan tórrido que ella acabó mareada. Él le cogió las manos y las sostuvo sobre sus estrechas caderas mientras mordisqueaba sus labios.

¡Santo Dios! Una mujer podía acostumbrarse a eso con mucha facilidad. Mucha, mucha facilidad.

Nick se separó.

- ¿Quieres llevarme a casa para que te mordisquee otras cosas?

Sí, eso era lo que quería. Y por eso no se atrevía. De hecho, el beso la había dejado tan trastornada que no podía ni hablar.

Nick sonrió ante la mirada extraviada y hambrienta de ___. Estaba observando sus labios como si aún pudiese saborearlos. En ese momento, la deseó más que nunca. Deseó poder arrancarle la goma del pelo y dejar que su melena se desparramara sobre su pecho, una vez estuviera tendida sobre él.

Cómo deseaba estar de regreso en su casa donde pudiese quitarle los pantalones cortos y escuchar sus dulces murmullos de placer mientras él le...

- El coche -dijo ella, parpadeando como si despertara de un sueño-. Íbamos a entrar en el coche.

Nick le dio un pequeño beso en la mejilla.

Una vez dentro del coche y con los cinturones de seguridad abrochados, ___ lo miró de soslayo.

- ¿Sabes una cosa? Creo que hay dos cosas en Nueva Orleáns que deberías experimentar.

- En primer lugar, tengo que poseerte en un...

- ¿Es que no vas a parar?

Nick se aclaró la garganta.

- Está bien. ¿Cuál es tu lista?

- Bourbon Street y la música moderna. Y de una de ellas nos podemos encargar ahora mismo. -Y puso la radio.

Se rió al reconocer Hot Blooded[{()}][2] de Foreigner. Qué apropiado, dado su pasajero.

Nick lo escuchó, pero no pareció muy impresionado.

___ cambió la emisora.

Él frunció el ceño.

- ¿Qué has hecho?

- He cambiado de emisora. Lo único que hay que hacer es apretar los botones.

Él jugueteó y cambió de emisora un rato, hasta que encontró Love Hurts({[]})[3] de Nazareth.

- Su música es interesante.

- ¿Te hace añorar la tuya?

- Dado que la mayoría de la música que escuchaba procedía de las trompetas y los tambores que nos acompañaban a la batalla, no. Creo que soy capaz de apreciar esto.

- ¿El qué? -preguntó ella juguetona-. ¿La música o el hecho de que el amor hace daño?

El rostro de Nick adquirió una expresión seria, dejando de lado el humor.

- Puesto que no he conocido nunca lo que es el amor, no sabría decirte si hace daño o no. Pero me imagino que ser amado no debe hacer tanto daño como el no serlo.

El pecho de _____ se encogió ante sus palabras.

- Entonces -dijo ella cambiando de tema-, ¿qué quieres hacer cuando regreses a tu casa?

- No lo sé.

- Probablemente irás a darle una buena patada en el culo a Escipión, ¿verdad?

Él se rió ante la idea.

- Ya me gustaría.

- ¿Por qué? ¿Qué te hizo?

 

[1] ~~Adelfos: Hermano en griego. (N. de la T.)

[2] [{()}]Hot Blooded: de sangre caliente en inglés. (N. de la T.)

[3] ({[]})Love Hurts: el amor hace daño(N. de la T.)

 

UN AMANTE DE EN SUEÑO [Nick y Tu] cap. 11 parte 2

Parte 2

Siempre le habían encantado La Ilíada y La Odisea. De niño, había pasado horas oculto tras los barracones, leyendo pergaminos una y otra vez; o escabulléndose para escuchar a los bardos en la plaza de la ciudad.

Entendía muy bien lo que sentía ___ por sus libros. Él había sentido lo mismo en su juventud. A la más mínima oportunidad, se escapaba a su mundo de fantasía, donde los héroes siempre triunfaban, los demonios y villanos eran aniquilados, y los padres y las madres amaban a sus hijos.

En las historias no había hambre ni dolor, sino libertad y esperanza. Fue a través de esas historias como aprendió lo que eran la compasión y la ternura. El honor y la integridad.

___ se arrodilló junto a él.

- Echas de menos tu hogar, ¿verdad?

Nick apartó la mirada. Sólo echaba de menos a sus hijos.

Al contrario que a Zac, la lucha nunca le había atraído. El hedor de la muerte y la sangre, los quejidos de los moribundos. Sólo había luchado porque era lo que se esperaba de él. Y había liderado un ejército porque, como bien dijo Platón, cada ser humano está capacitado por naturaleza para realizar una actividad a la cual se entrega. Por su naturaleza, Nick siempre había sido un líder y no podía seguir las órdenes de nadie.

No, no lo echaba de menos, pero...

- Fue lo único que conocí.

___ le rozó el hombro, pero fue la preocupación que reflejaban sus ojos grises lo que le desarmó.

- ¿Querías que tu hijo fuese un soldado?

Él negó con la cabeza.

- Jamás quise que truncaran su juventud como les ocurrió a tantos de mis hombres -contestó con la voz ronca-. Bastante irónico, ¿no es cierto? Ni siquiera le habría permitido que jugara con la espada de madera que Zac le regaló para su cumpleaños; ni le hubiese dejado tocar la mía mientras estuviese en casa.

___ enlazó las manos en su cuello y tiró de él para acercarlo. Sus caricias eran tan increíblemente relajantes... Hacían que la soledad doliese aún más.

- ¿Cómo se llamaba?

Nick tragó saliva. No había pronunciado los nombres de sus hijos desde el día de su muerte. No se había atrevido pero, no obstante, quería compartirlos con ___.

- Atolycus. Mi hija se llamaba Calista.

___ lo miró con una sonrisa triste, como si compartiera su dolor por la pérdida.

- Tenían unos nombres preciosos.

- Eran unos niños preciosos.

- Si se parecían en algo a ti, me lo creo.

Eso había sido lo más hermoso que nadie le había dicho jamás.

Nick le pasó la mano por el pelo, dejando que los mechones se escurrieran sobre su palma. Cerró los ojos y deseó poder quedarse así para siempre.

El miedo a tener que abandonarla lo estaba destrozando. Nunca le había gustado la idea de ser engullido por aquel desolado infierno que era el libro; pero ahora, al pensar que jamás volvería a verla, que jamás volvería a oler el dulce aroma de su piel, que sus manos jamás volverían a rozar el suave rubor de sus mejillas...

No podía soportarlo. Era demasiado.

¡Por los dioses!, y había creído hasta entonces que estaba maldito...

___ se alejó un poco, lo besó suavemente en los labios y cogió el libro.

Nick tragó. Ella quería rescatarlo y, por primera vez durante todos aquellos siglos, quería ser rescatado.

Se tendió en el suelo para que ___ pudiese apoyar la cabeza en él. Le encantaba sentirla así. Sentir su pelo extendiéndose sobre los brazos y el torso.

Estuvieron tendidos en el suelo hasta las primeras horas de la madrugada; Nick la escuchaba mientras leía la Odisea y narraba las historias de Aquiles.

Observaba cómo el cansancio iba haciendo mella en ella, pero continuaba leyendo. Finalmente, cerró los ojos y se quedó dormida.

Nick sonrió y le quitó el libro de las manos para dejarlo a un lado. Le acarició la mejilla con la palma de la mano durante un instante.

No tenía sueño. No quería desaprovechar ni un solo segundo del tiempo que tenía para estar a su lado. Quería contemplarla, tocarla. Absorberla. Porque atesoraría esos recuerdos durante toda la eternidad.

Nunca había pasado una noche así: tumbado tranquilamente en el suelo junto a una mujer, sin que ella montara su cuerpo y le exigiese que la tocara y la poseyera.

En su época, los hombres y las mujeres no solían pasar demasiado tiempo juntos. Durante las temporadas que pasó en su hogar, Selena le hablaba en raras ocasiones. De hecho, no había demostrado mucho interés en él.

Por las noches, cuando la buscaba, no lo rechazaba. Pero, no obstante, no estaba ansiosa por sus caricias. Siempre había conseguido engatusarla para que su cuerpo le respondiera apasionadamente, pero no así su corazón.

Deslizó las manos por el pelo negro de ___, extasiado por la sensación de tenerlo entre los dedos. Su mirada se detuvo sobre su anillo. Brillaba tenuemente, captando la escasa luz de la estancia.

En su mente, lo veía cubierto de sangre. Recordaba cómo se le clavaba en el dedo mientras blandía la espada en mitad de una batalla. Ese anillo lo había significado todo para él, y no le había resultado fácil conseguirlo. Se lo había ganado con el sudor de su frente y con las numerosas heridas que sufrió su cuerpo. Le había costado mucho, pero había merecido la pena.

Durante un tiempo fue respetado, aunque no lo amaran. En su vida como mortal, eso había sido esencial.

Suspirando, echó la cabeza hacia atrás para apoyarse en el cojín del sofá que había puesto sobre el suelo y cerró los ojos.

Cuando por fin se deslizó entre las neblinas del sueño, no fueron los rostros del pasado los que poblaron su mente, fue la imagen de unos claros ojos grises que se reían con él, de una negra melena que se desparramaba por su pecho y de una voz suave que leía palabras que le resultaban familiares aunque, de algún modo, extrañas.

 

___ se desperezó lánguidamente al despertarse. Abrió los ojos y se sorprendió al darse cuenta de que tenía la cabeza sobre el abdomen de Nick. Él tenía la mano enterrada en su pelo y, por la respiración relajada y profunda, supo que todavía estaba dormido.

Alzó la mirada hacia su rostro. Tenía una expresión tranquila, casi infantil.

Y entonces fue consciente de algo: no había tenido la pesadilla. Había dormido toda la noche.

Sonriendo, intentó levantarse muy despacio para no despertarlo.

No funcionó. Tan pronto como levantó la cabeza, Nick abrió los ojos y la abrasó con una intensa mirada.

- ___ -dijo en voz baja.

- No quería despertarte.

Ella señaló las escaleras con el pulgar.

- Iba arriba a darme una ducha. ¿Debería cerrar la puerta?

La recorrió con ojos ardientes.

- No, creo que puedo comportarme.

Ella sonrió.

- Me parece que ya he oído eso antes.

Nick no contestó.

___ subió y se dio una ducha rápida.

Una vez acabó, fue a su habitación y se encontró a Nick tumbado en la cama, hojeando su ejemplar de La Ilíada.

La miró con expresión absorta al darse cuenta de sólo llevaba puesta una toalla. Una lasciva sonrisa hizo que sus hoyuelos aparecieran en todo su esplendor, y la temperatura del cuerpo de ___ ascendió varios grados.

- Me pongo la ropa y...

- No -le dijo con tono autoritario.

- ¿Que no qué? -preguntó incrédula.

La expresión de Nick se suavizó.

- Preferiría que te vistieras aquí.

- Nick...

- Por favor.

___ se puso muy nerviosa ante la petición. Jamás había hecho algo así en su vida. Y se sentía avergonzada.

- Por favor, por favor... -volvió a rogarle con una leve sonrisa.

¿Qué mujer le diría que no a una expresión como ésa?

Lo miró con recelo.

- No te atrevas a reírte -le dijo mientras abría vacilante la toalla.

Nick miró sus pechos con ojos hambrientos.

- Puedes estar completamente segura de que la risa es lo último que se me pasa por la mente en estos momentos.

Y entonces, se levantó de la cama y se acercó a la cómoda, donde ___ guardaba la ropa interior, con los movimientos gráciles de un depredador. Un extraño escalofrío recorrió la espalda de ___ mientras observaba cómo la mano de Nick rebuscaba entre sus braguitas hasta encontrar las de seda negra que Yari le había regalado de broma.

Nick las sacó y se arrodilló en el suelo delante de ella, con toda la intención de ayudarla a ponérselas. Sin aliento y totalmente entregada a la seducción, ___ miró sus rizos marrones mientras elevaba una pierna para dejar que él le pasara las braguitas por el pie.

Tras sus manos, que deslizaban la seda ascendiendo por su pierna, sus labios dejaban un reguero de besos que la hicieron estremecerse. Para mayor devastación de todos sus sentidos, abrió las manos y las colocó sobre sus muslos con los dedos totalmente extendidos. Y lo que fue aún peor, una vez las braguitas estuvieron colocadas en su sitio, la acarició levemente entre las piernas antes de apartarse.

A continuación, sacó el sujetador negro a juego.

Como una muñeca sin voluntad propia, dejó que se lo pusiera. Las manos de Nick rozaron los pezones, mientras abrochaba el enganche delantero; una vez cerrado, las deslizó bajo el satén y la acarició con deleite, erizándole la piel.

Nick inclinó la cabeza y capturó sus labios. Podía sentir el fuego consumiéndolo, exigiéndole que la poseyera. Exigiéndole que aliviara el dolor de su entrepierna aunque fuese por un instante.

__ gimió cuando él profundizó el beso y se dejó llevar por completo. Nick la alzó en brazos para tenderla sobre la cama. De forma instintiva, ella le rodeó la cintura con las piernas y siseó al sentir los duros abdominales presionando sobre su sexo.

Nick le pasó las manos por la espalda. La visión de su cuerpo húmedo y desnudo estaba grabada a fuego en su mente. Había llegado a un punto sin retorno cuando un destello de luz cegadora iluminó la habitación.

Con los ojos doloridos por el resplandor, Nick se separó de ella.

- ¿Has sido tú? -le preguntó ella sin aliento, mirándolo arrobada.

Risueño, Nick negó con la cabeza.

- Ojalá pudiera atribuírmelo, pero estoy bastante seguro de que tiene otro origen.

Echó un vistazo a la habitación y sus ojos se detuvieron sobre la cama. Parpadeó.

No podía ser...

- ¿Qué es eso? -preguntó ___, girándose para mirar la cama.

- Es mi escudo -contestó Nick, incapaz de creerlo.

Hacía siglos que no veía su escudo. Atónito, lo contempló fijamente. Estaba en el mismo centro de la cama y emitía débiles destellos bajo la luz.

Conocía cada muesca y arañazo que había en él; recordaba cada uno de los golpes que los habían producido.

Temeroso de estar soñando, alargó el brazo para tocar el relieve en bronce de Atenea y su búho.

- ¿Y tu espada también?

Nick le agarró la mano antes de que pudiera tocarla.

- Ésa es la Espada de Cronos. No la toques jamás. Si alguien que no lleva su sangre la toca, su piel quedará marcada para siempre con una terrible quemadura.

- ¿En serio? -preguntó, bajándose de la cama para alejarse de la espada.

- En serio.

___ miró a la cama con el ceño fruncido.

- ¿Qué hacen aquí?

- No lo sé.

- ¿Y quién los envía?

- No lo sé.

- Pues no me estás ayudando mucho.

Nick no pareció captar su sarcasmo. En lugar de darse por aludido, ___ lo observó contemplar su escudo. Pasaba la mano sobre él como un padre que mira con adoración a un hijo largo tiempo perdido.

Cogió su espada y la depositó en el suelo, debajo de la cama.

- No olvides que está aquí -le dijo muy serio-. Ten mucho cuidado de no tocarla.

Su expresión se volvió más ceñuda al incorporarse. Miró de nuevo el escudo.

- Debe ser obra de mi madre. Sólo ella o uno de sus hijos podrían enviármelos.

- ¿Y por qué iba a hacerlo?

Nick entrecerró los ojos mientras recordaba el resto de la leyenda que rodeaba a su espada.

- Estoy seguro de que ha enviado mi espada por si tengo que enfrentarme con Príapo. La Espada de Cronos también es conocida como la Espada de la Justicia. No acabará con su vida, pero hará que ocupe mi lugar en el libro.

- ¿Estás hablando en serio?

Nick asintió.

- ¿Puedo tocar el escudo?

- Claro.

___ pasó la mano sobre las incrustaciones doradas y negras que formaban la imagen de Atenea y el búho.

- Es muy bonito -dijo, maravillada.

- Zac lo mandó hacer cuando me nombraron General Supremo.

___ acarició la inscripción grabada bajo la figura de Atenea.

- ¿Qué dice aquí?

- «La muerte antes que el deshonor» -dijo con un nudo en la garganta.

Nick sonrió con melancolía al recordar a Zac junto a él durante las batallas.

UN AMANTE DE ENSUEÑO [Nick y Tu] cap. 11 parte 1

Capítulo 11

 Parte 1

Yari observaba cómo Nick se paseaba nervioso, por delante de su puesto, mientras hacía una tirada para un turista. ¡Dios santo!, podría pasarse todo el día observándolo caminar. Ese modo de andar hacía saltar los ojos de las órbitas, y a ella le entraban unos deseos terribles de salir corriendo a casa, agarrar a Joe y hacerle unas cuantas cosas pecaminosas.

Una y otra vez, las mujeres se acercaban a él, pero Nick no tardaba en quitárselas de en medio. Era ciertamente divertido ver a todas esas chicas pavoneándose a su alrededor mientras él permanecía ajeno a sus estratagemas. Nunca le había parecido posible que un hombre actuara así.

Pero claro, hasta ella podía llegar a aborrecer el chocolate si se daba un atracón.

Y por el modo en que las mujeres respondían a la presencia de Nick, dedujo que él ya había sufrido más de un dolor de tripa causado por un empacho. La verdad es que parecía muy preocupado.

Y Yari se sentía fatal por lo que les había hecho a ambos, a él y a ___. Su idea parecía bastante sencilla en un principio. Si hubiese reflexionado un poco más...

¿Pero cómo iba a saber quién era Nick? Claro, que su nombre podía haber hecho sonar algún timbre en su mente; de todos modos, su especialidad era la Edad de Bronce griega que, hasta para la época de Nick, era la Prehistoria.

Y tampoco había creído que el tipo del libro fuese realmente humano. Pensaba que era alguna clase de genio o criatura mágica, sin pasado ni sentimientos.

¡Señor!, cuando metía la pata lo hacía hasta el fondo.

Meneando la cabeza, observó cómo Nick rechazaba otra oferta, esta vez procedente de una atractiva pelirroja. El hombre era un verdadero imán de estrógenos.

Acabó la lectura.

Nick esperó unos minutos y se acercó a la mesa.

- Llévame con ___.

No era una petición, no. Estaba segura de que era el mismo tono de voz que empleaba para dirigir a su ejército en mitad de una batalla.

- Dijo que...

- No me importa lo que dijese. Necesito verla.

Yari envolvió la baraja en el pañuelo negro de seda. ¿Qué demonios? Tampoco es que necesitara que su mejor amiga volviera a hablarle.

- Vas directo a tu funeral.

- Ojalá -dijo en voz tan baja que ella no pudo estar segura de haber escuchado correctamente.

La ayudó a recoger sus trastos para meterlos en el carrito, y llevarlo todo hasta la pequeña caseta que tenía alquilada para guardarlo.

Sin pérdida de tiempo, llegaron a casa de ___.

Aparcaron en el camino del jardín justo cuando ___ estaba guardando sus maletas.

- ¡Hola, ___! -saludó Yari-. ¿Dónde vas?

Ella miró furiosa a Nick.

- Me marcho por unos días.

- ¿Dónde? -le preguntó su amiga.

___ no contestó.

Nick salió del coche y se acercó a ella. Iba a arreglar las cosas, costase lo que costase.

___ arrojó una bolsa al maletero y se alejó de Nick.

Él la cogió por un brazo.

- No has contestado a la pregunta.

Ella se zafó de su mano.

- ¿Y qué vas a hacer, pegarme si no lo hago? -le dijo, mirándolo con los ojos entrecerrados.

Nick se encogió ante el evidente rencor.

- ¿Y te extrañas de que quiera marcharme? -Entonces se dio cuenta. A ___ le estaba costando horrores contener las lágrimas. Tenía los ojos húmedos y brillantes. La culpa lo asaltó-. Lo siento, ___ -murmuró mientras cubría su mejilla con la mano-. No pretendía hacerte daño.

___ observó la batalla que mantenían el arrepentimiento y el deseo en el rostro de Nick. Su caricia era tan tierna y tan suave... Por un instante, estuvo a punto de creer que, en realidad, él se preocupaba por ella.

- Yo también lo siento -susurró-. Ya sé que no tienes la culpa.

Él soltó una brusca y amarga carcajada.

- En realidad, todo lo que sucede es culpa mía.

- ¡Eh! ¿Me puedo confiar de ustedes? -preguntó Yari.

Nick miró a ___ con ardiente intensidad, atrapando su mirada y haciéndola temblar.

- ¿Quieres que me vaya? -le preguntó.

No, no quería. Ésa era la base de todo el problema. Que no quería que volviera a abandonarla. Jamás.

___ cogió las manos de Nick entre las suyas y las apartó de su rostro.

- Todo está solucionado, Yari.

- En ese caso, me voy a casa. Nos vemos.

__ apenas si fue consciente de que su amiga ponía en marcha el coche y se alejaba. Toda su atención estaba puesta en Nick.

- ¿Ahora me vas a decir dónde vas? -le preguntó.

Por primera vez, desde que la policía se marchó, ___ sintió que podía respirar. Con la presencia de Nick, el miedo se desvaneció como la niebla bajo el sol.

Se sentía segura.

- ¿Recuerdas lo que te conté sobre Jason Carmichael?

Él asintió.

- Estuvo aquí hace un rato. Él... él me inquieta.

La expresión gélida y severa que adoptó el rostro de Nick la dejó atónita.

- ¿Dónde está ahora?

- No lo sé. Se esfumó al llegar la policía. Por eso me marchaba. Iba a quedarme en un hotel.

- ¿Todavía quieres marcharte?

___ negó con la cabeza. Con él allí, se sentía completamente a salvo.

- Cogeré tu bolsa -le dijo. La sacó y cerró el maletero.

___ se encaminó hacia la casa.

Pasaron el resto del día en una apacible soledad. Al llegar la noche, se tumbaron delante del sofá, reclinados sobre los cojines.

__ apoyó la cabeza en el duro vientre de Nick mientras acaba de leerle Peter Pan y hacía todo lo posible para no distraerse con el maravilloso olor que desprendía su cuerpo. Y con lo maravillosamente bien que estaba, apoyada sobre sus abdominales.

Tenía que echar mano de toda su fuerza de voluntad para no darse la vuelta y explorar los firmes músculos de su torso con la boca.

Nick le acariciaba lentamente el pelo mientras la observaba. Señor, sus manos hacían que le ardiera la piel. Le hacían desear arrancarle la ropa y saborear cada centímetro de su cuerpo.

- Fin -dijo ella, cerrando el libro.

La abrasadora mirada de Nick le quitó el aliento.

Se estiró y arqueó levemente la espalda, apoyándose con más fuerza sobre él.

- ¿Quieres que te lea algo más?

- Sí, por favor. Tu voz me relaja.

Ella lo miró fijamente por un instante y, después, sonrió. No recordaba que ningún otro cumplido hubiese significado tanto para ella como aquél.

- Tengo la mayoría de los libros en mi habitación -le dijo mientras se ponía en pie-. Vamos, te enseñaré mi tesoro escondido y encontraremos algo que nos guste.

La siguió escaleras arriba.

__ notó que Nick observaba la cama con deseo y después la miraba a ella.

Fingió no darse cuenta y abrió la puerta del enorme vestidor. Encendió la luz y pasó una mano con cariño por las estanterías que su padre había colocado tantos años atrás.

Su padre y su mejor amigo se lo habían pasado en grande mientras colocaban las estanterías. Los dos eran profesores, y tenían la habitación hecha un desastre. Su padre acabó con dos uñas negras antes de que todo estuviese terminado. Su madre no había dejado de reírse y de llamar a su marido «carpintero profesional», pero a él no parecía importarle. La expresión de orgullo en su rostro cuando todo estuvo terminado, y los libros de ___ colocados en las estanterías, quedó impresa para siempre en el corazón de su hija.

Cómo adoraba esa estancia. Aquí era donde realmente sentía el amor de sus padres. Aquí se refugiaba y huía de los problemas y sufrimientos que la perseguían.

Cada libro guardado allí era un recuerdo especial, y todos ellos formaban parte de su mundo. Miró a su izquierda y vio Shanna, con la que había comenzado su afición a la novela romántica. The Wolfling, la había introducido en la ciencia ficción. Y su adorado Bimbos del Sol Muerto, su primera novela de misterio.

También estaban allí las viejas novelas de sus padres, y las tres copias de los libros de texto que su padre había escrito antes de que ella naciera.

Éste era su santuario y Nick era, sin contar a sus padres, la primera persona que ponía un pie en él.

- Llevas tiempo coleccionando libros -comentó él mientras echaba un vistazo a las estanterías.

Ella asintió.

- Fueron mis mejores amigos mientras crecía. Creo que el amor por la lectura es el mejor regalo que mis padres me han dado -alzó el libro de Peter Pan-. Éste era de mi padre, de cuando era niño. Es mi posesión más preciada.

Lo devolvió a una de las estanterías y cogió un ejemplar de Belleza Negra.

- Mi madre me leía éste una y otra vez.

Hizo un pequeño recorrido, mostrándole sus libros.

- Rebeldes -susurró con adoración-. Era mi libro favorito en el instituto. ¡Ah!, junto con éste, ¿Puedes demandar a tus padres por abuso de autoridad?

Nick se rió.

- Ya veo que significan mucho para ti. Se te ilumina el rostro cuando hablas de ellos.

Algo en su mirada le dijo a ___ que él estaba pensando en otro modo de hacer que se iluminara...

Tragando saliva ante la idea, se dio la vuelta y rebuscó en la estantería de la derecha, donde guardaba los clásicos, mientras Nick seguía mirando los de la izquierda.

- ¿Qué te parece éste? -le preguntó él, con una de sus novelas románticas en la mano.

___ soltó una risita nerviosa al ver a la pareja que se abrazaba medio desnuda en la portada.

- ¡Señor!, me parece que no.

Él miró la portada y alzó una ceja.

- Vale -dijo ___ quitándole el libro de la mano-. Has descubierto mi más profundo secreto. Soy una adicta a las novelas románticas, pero lo último que necesitas es que te lea una apasionada escena de amor en voz alta. Muchísimas gracias, pero no.

Nick le miró fijamente los labios.

- Preferiría recrear una apasionada escena de amor contigo -dijo en voz baja, acercándose a ella.

___ comenzó a temblar. Tenía la espalda pegada a la estantería y no podía retroceder más. Nick colocó un brazo sobre su cabeza y acercó su cuerpo al suyo, hasta dejarlos unidos. Entonces, bajó la cabeza y se acercó a su boca.

___ cerró los ojos. La presencia de Nick inundaba todos sus sentidos. La rodeaba de una forma extremadamente perturbadora.

Por una vez, él mantuvo las manos quietas y se limitó a tocarla tan sólo con los labios. Daba igual. La cabeza de ___ comenzó a girar de todos modos.

¿Cómo había podido su esposa elegir a otro hombre teniéndolo a él? ¿Cómo podía rechazarlo una mujer en su sano juicio? Este hombre era el paraíso.

Nick profundizó el beso, explorando su boca con la lengua. ___ sentía los latidos de su corazón mientras él se acercaba aún más y sus músculos la envolvían.

Jamás había sido tan consciente de la presencia de otro ser humano. Él la ponía al límite, le hacía experimentar sensaciones que no sabía que pudiesen existir.

Nick se retiró un poco y apoyó la mejilla sobre la de ___. Su aliento caía sobre su pelo y le erizaba la piel.

- Tengo unos deseos horribles de estar dentro de ti, ___ -murmuró-. Quiero sentir tus piernas alrededor de mi cuerpo, sentir tus pechos debajo de mí, escucharte gemir mientras te hago el amor lentamente. Quiero que tu aroma quede impreso en mi cuerpo y que tu aliento me queme la piel.

Todo su cuerpo se tensó antes de separarse de ella.

- Pero ya estoy acostumbrado a desear cosas que no puedo tener -susurró.

Ella le tocó el brazo. Nick cogió su mano, se la llevó a los labios y depositó un rastro de pequeños besos sobre los nudillos.

El deseo que se reflejaba en su apuesto rostro hacía que a ___ le doliera todo el cuerpo.

- Busca un libro y me comportaré.

Tragó saliva mientras él se alejaba. Entonces, se fijó en su viejo ejemplar de La Ilíada. Sonrió. Le iba a encantar, estaba segura.

Lo cogió y bajó las escaleras.

Nick estaba sentado delante del sofá.

- ¡Adivina lo que he encontrado! -exclamó ___ excitada.

- No tengo la más remota idea.

Ella lo sostuvo en alto y sonrió.

- ¡La Ilíada!

Nick se animó al instante y los hoyuelos relampaguearon en su rostro.

- Cántame, ¡Oh Diosa!

- Muy bien -respondió ella, sentándose a su lado-. Y esto te va a gustar todavía más: es una versión bilingüe; con el original griego y la traducción inglesa.

Y se lo dejó para que lo viera.

La expresión de Nick fue la misma que habría puesto si le hubieran entregado el tesoro de un rey. Abrió el libro y, de inmediato, sus ojos volaron sobre las páginas mientras pasaba la mano reverentemente por las hojas, cubiertas con la antigua escritura griega.

Era incapaz de creer que estuviese viendo de nuevo su idioma escrito, después de tanto tiempo. Hacía una eternidad que no lo leía en otro lugar que no fuese su brazo.

UN AMANTE DE ENSUEÑO [Nick Y Tu] Cap. 10 parte 2

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Mejor Escritora

Novelas:

  • Novela a la mejor Romántica
  • Novela a la mejor Dramática
  • Novela a la mejor de Comedia
  • Novela al mejor Diseño
  • Novela al mejor blog Alternativo

Mejor novela de los Jonas:

  • Novela de Nick
  • Novela de Kevin
  • Novela de Joe
    • su nombre
    • el nombre de la novela, que desean nominar
    • el link
    • las categorias en las que les gustaria estar nomida
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Parte 2

El doctor Lewis dijo algo en griego clásico.

- Es más que una simple opinión, doctor -le contestó Nick en inglés-. Es un hecho probado.

Ben volvió a mirarlo con atención, pero ___ sabía que aún no estaba muy dispuesto a creer que alguien con el aspecto de Nick pudiese darle una lección en su propio campo.

- ¿Y usted cómo lo sabe?

Nick le respondió en griego.

Por primera vez desde que conocía a aquel hombre, hacía ya más de una década, ___ lo vio totalmente sorprendido.

- ¡Dios mío! -jadeó-. Habla griego como si fuese su lengua materna.

Nick miró a ___ con una sonrisa sincera; se estaba divirtiendo.

- Ya te lo dije -le dijo Yari-. Conoce a los dioses griegos mejor que cualquier otra persona.

El doctor Lewis vio entonces el anillo de Nick.

- ¿Es eso lo que creo que es? -inquirió-. ¿Un anillo de general?

Nick asintió.

- Sí.

- ¿Le importa si le echo un vistazo?

Nick se lo quitó y se lo ofreció. El doctor Lewis contuvo el aliento.

- ¿Macedonio? Creo que del siglo II AC.

- Exacto.

- Es una reproducción increíble -comentó Ben, mientras se lo devolvía.

Nick se lo puso de nuevo.

- No es una reproducción.

- ¡No puede ser! -jadeó Ben, incrédulo-. No puede ser original, es excesivamente antiguo.

- Lo tenía un coleccionista privado -apuntó Yari. Ben no dejaba de mirarla para, al momento, volver a centrar su atención en Nick.

- ¿Cómo lo consiguió? -le preguntó.

Nick tardó en contestar mientras recordaba el día en que se lo dieron. Zac de Tracia y él habían sido ascendidos a la vez, después de salvar, prácticamente los dos solos, la ciudad de Temópolis de las garras de los romanos.

Había sido una batalla larga, sangrienta y brutal. Su ejército se había desperdigado, dejándolos solos a Zac y a él para defender la ciudad. Nick había esperado que Zac lo abandonara también, pero el idiota le había sonreído, sosteniendo una espada en cada mano, y le había dicho: «Es un hermoso día para morir. ¿Qué te parece si matamos unos cuantos bastardos romanos antes de pagar a Caronte?»

Zac de Tracia, un lunático total y absoluto, siempre había tenido más agallas que cerebro.

Cuando todo hubo acabado, bebieron hasta acabar debajo de las mesas. Y a la mañana siguiente, los despertaron con la noticia del ascenso.

¡Por los dioses! De todas las personas que había conocido en Macedonia, Zac era a quién más echaba de menos. Era el único que siempre le guardó las espaldas y lo defendió.

- Fue un regalo -contestó Nick a Ben.

Él echó un vistazo a la mano de Nick, con los ojos cargados de codicia.

- ¿Consideraría usted la posibilidad de venderlo? Yo estaría a dispuesto a pagar lo que pidiese.

- Nunca -contestó Nick, recordando las heridas que había recibido durante la batalla de Temópolis-. No sabe por lo que pasé para conseguirlo.

Ben meneó la cabeza.

- Ojalá alguien me hiciese alguna vez un regalo como ése. ¿Tiene la más ligera idea de lo que le darían por él?

- La última vez que lo comprobé, me ofrecieron mi peso en oro.

Ben soltó una carcajada y dio una palmada sobre la mesa de Yari.

- Muy bueno. Ése era el precio para liberar a un general capturado, ¿verdad?

- Para aquellos cobardes que no eran capaces de morir luchando, sí.

Los ojos de Ben mostraron un nuevo respeto al observar a Nick.

- ¿Sabe a quién perteneció?

Yari contestó.

- A Nicholas de Macedonia. ¿Has oído hablar de él en alguna ocasión, Ben?

Él se quedó con la boca abierta y los ojos como platos.

- ¿Estás hablando en serio? ¿Es que no sabes quién fue?

Yari puso una expresión extraña. Asumiendo que no lo sabía, Ben continuó hablando.

- Tesio dijo de él que iba a ser el nuevo Alejandro Magno. Nicholas era hijo de Diocles de Esparta, también conocido como Diocles el Carnicero. Ese hombre haría que el Marqués de Sade pareciese Ronald McDonald.

» Según los rumores, Nicholas nació de una relación entre Afrodita y el general, después de que Diocles salvara uno de los templos de la diosa de ser profanado. La opinión más extendida hoy en día es que su madre fue una de las sacerdotisas del templo.

- ¿De verdad? -preguntó ___.

Nick puso los ojos en blanco.

- A nadie le interesa quién pudo ser el tal Nicholas. Ese tipo murió hace siglos.

Ben lo ignoró y siguió alardeando de sus conocimientos.

- Los romanos lo conocían como Augusto Julio Punitor... -miró a ___ y añadió para que ella lo entendiera: - Nicholas, el Ejecutor. Él y Zachary de Tracia dejaron un rastro sangriento a lo largo de todo el Mediterráneo, durante la cuarta guerra macedonia contra Roma. Nicholas despreciaba a los romanos, y juró que vería la ciudad arrasada bajo su ejército. Él y Zachary estuvieron a punto de conseguir que Roma se arrodillara ante ellos.

La mandíbula de Nick se relajó un poco.

- ¿Sabe qué le ocurrió a Zachary de Tracia?

Ben dejó escapar un silbido.

- No tuvo un final agradable. Fue capturado; los romanos lo crucificaron en el año 47 a.C.

Nick retrocedió al escucharlo. Con una mirada apesadumbrada y jugueteando con el anillo, dijo:

- Ese hombre era, sin duda, uno de los mejores guerreros que jamás han existido. Amaba la lucha como ningún otro que haya conocido -movió la cabeza-. Recuerdo que una vez Zachary condujo su carro hasta atravesar una barrera de escudos, rompiendo los cuellos de los soldados romanos y permitiendo que sus hombres los derrotaran con tan sólo un puñado de bajas -frunció el ceño-. No puedo creer que lo capturaran.

Ben encogió los hombros con un gesto indiferente.

- Bueno, una vez desaparecido Nicholas, Zachary era el único general macedonio digno de dirigir un ejército; por eso los romanos fueron tras él con todo lo que tenían.

- ¿Qué le sucedió a Nicholas? -preguntó ___, intrigada por lo que los historiadores opinaban del tema.

Nick la miró furioso.

- Nadie lo sabe -le respondió Ben-. Es uno de los grandes misterios del mundo antiguo. Aquí tenemos a un general al que nadie puede derrotar en el campo de batalla y, de repente ¡puf! Desaparece sin dejar rastro -tamborileó con un dedo sobre la mesa de Yari-. La última vez que se le vio fue en la batalla de Conjara. En un brillante movimiento táctico, engañó a Livio, que perdió su, hasta entonces, inexpugnable posición. Fue una de las mayores derrotas en la historia del Imperio Romano.

- ¿Y a quién le importa? -se quejó Nick.

Ben ignoró la interrupción.

- Tras la batalla, se supone que Nicholas mandó decir a Escipión el Joven que le perseguiría, en venganza por la derrota que acababa de infligirle al ejército macedonio. Aterrorizado, Escipión abandonó su carrera militar en Macedonia y se marchó como voluntario a la Península Ibérica, para seguir luchando allí -el profesor agitó la cabeza-. Pero antes de que Nicholas pudiese llevar a cabo la amenaza, se desvaneció. Encontraron a toda su familia asesinada en su propio hogar. Y ahí es donde la cosa se pone interesante -miró entonces a Yari.

» Los escritos macedonios que han llegado hasta nuestros días, afirman que Livio lo hirió de muerte durante la batalla, y que en mitad de un increíble dolor, regresó cabalgando a casa para asesinar a su familia y evitar, de este modo, que su enemigo los tomara como esclavos.

» Los textos romanos aseguran que Escipión envió a varios de sus soldados, que atacaron a Nicholas en mitad de la noche. Supuestamente, lo mataron junto al resto de su familia, lo descuartizaron y ocultaron los pedazos de su cuerpo.

Nick resopló ante la idea.

- Escipión era un cobarde y un fanfarrón. Jamás se habría atrevido a atacarm...

- ¡Bueno! -exclamó __, interrumpiendo a Nick antes de que se delatase-. Hace un tiempo espléndido, ¿verdad?

- Escipión no era ningún cobarde -le respondió Ben-. Nadie puede discutir sus éxitos en la Península Ibérica.

___ vio como el odio se reflejaba en los ojos de Nick.

Pero Ben no pareció notarlo.

- Joven, el valor de ese anillo que lleva es incalculable. Me encantaría saber cómo puede conseguirse algo así. Y a ese respecto, mataría por saber qué le ocurrió a su dueño original.

___ miró incómoda a Yari.

Nick hizo una mueca sarcástica a Ben.

- Nicholas de Macedonia desató la ira de los dioses y fue castigado por su arrogancia.

- Supongo que esa podría ser otra explicación -en ese momento, sonó la alarma de su reloj-. ¡Joder! Tengo que recoger a mi esposa.

Se puso en pie y le ofreció la mano a Nick.

- No nos han presentado adecuadamente. Soy Ben Lewis.

- Nicholas -le contestó, aceptando el saludo.

El doctor Lewis se rió. Hasta que se dio cuenta que Nick no bromeaba.

- ¿En serio?

- Me pusieron el nombre de su general macedonio, se podría decir.

- Su padre debe haber sido como el mío. Dos amantes de todo lo griego.

- En realidad, en mi caso su lealtad iba para Esparta.

Ben se rió con más ganas. Echó una mirada rápida a Yari.

- ¿Por qué no lo traes a la próxima reunión del Sócrates? Me encantaría que los chicos lo conocieran. No es muy frecuente encontrar a alguien que conoce la historia griega tan profundamente como yo.

Dicho esto, volvió a dirigirse a Nick.

- Ha sido un placer. ¡Nos vemos! -le dijo a Yari.

- Bueno -comenzó a decir Selena una vez que Ben hubo desaparecido entre el gentío-, amigo mío, has logrado lo imposible. Acabas de dejar impresionado a uno de los investigadores de la Antigua Grecia más importantes de este país.

Nick no pareció impresionarse demasiado, pero ___ sí lo hizo.

- Yari, ¿crees que es posible que Nick pueda trabajar como profesor en la facultad una vez acabemos con la maldición? Estaba pensando que pod...

- No, ___ -la interrumpió él.

- ¿Que no qué? Vas a necesitar...

- No voy a quedarme aquí.

La mirada fría y vacía que tenía en aquel momento era la misma con la que la había mirado la noche en que lo convocaron. Y a ___ la partió en dos.

- ¿Qué quieres decir? -inquirió ella.

El desvió la mirada.

- Atenea me ha hecho una oferta para devolverme a casa. Una vez rompamos la maldición, me enviará de nuevo a Macedonia.

___ se esforzó por seguir respirando.

- Entiendo -dijo, aunque se estaba muriendo por dentro-. Usarás mi cuerpo y después te irás. -Y siguió con un nudo en la garganta: - Al menos no tendré que pedir a Yari que me lleve a casa después.

Nick retrocedió como si lo hubiese abofeteado.

- ¿Qué quieres de mí, ___? ¿Por qué ibas a querer que me quedara aquí?

 

 

Parte 3

Ella no conocía la respuesta. Lo único que sabía era que no quería que se marchara. Quería que se quedara.

Pero no en contra de su voluntad.

- Te voy a decir algo -le dijo. Comenzaba a enfadarse ante la idea de que él desapareciera-; no quiero que te quedes. De hecho, se me está ocurriendo una cosa, ¿qué tal si te vas a casa de Yari por unos días? -y entonces miró a su amiga-, ¿te importaría?

Yari abría y cerraba la boca como un pez luchando por respirar. Nick alargó un brazo hacia ___.

- ___...

- No me toques -le advirtió apartando su propio brazo-. Me das asco.

- ¡___! -exclamó Yari-. No puedo creer que tú...

- No importa -dijo Nick con voz fría y carente de emoción-. Al menos no me ha escupido a la cara con su último aliento.

Lo había herido. ___ podía verlo en sus ojos; pero ella también se sentía muy herida. Terriblemente herida.

- Hasta luego -le dijo a Yari y se marchó, dejando allí a Nick.

Yari dejó escapar el aire lentamente mientras observaba a Nick, que contemplaba cómo ___ se alejaba de ellos. Su cuerpo estaba totalmente rígido y tenía un tic en la mandíbula.

- Donde pone el ojo, pone la bala. Un golpe directo al corazón. Una herida en carne viva.

Nick la dejó clavada con una mirada francamente hostil.

- Dime, Oráculo. ¿Cuáles deberían haber sido mis palabras?

Yari barajó sus cartas.

- No lo sé -le contestó melancólicamente-. Imagino que no te habría ido tan mal si hubieses sido honesto.

Nick se frotó los ojos y se sentó en la silla, frente a Yari. No había tenido intención de herir a ___.

Y jamás podría olvidar esa mirada, mientras le escupía las horribles palabras: «No me toques. Me das asco.»

Se esforzó por seguir respirando, aguantando la agonía. Las Parcas seguían burlándose de él.

Debían tener un día aburrido en el Olimpo.

- ¿Quieres que te lea las cartas? -le preguntó Yari, devolviéndolo al presente.

- Claro, ¿por qué no? -contestó. No iba a decirle nada que no supiera ya.

- ¿Qué quieres saber?

- ¿Alguna vez...? -se detuvo antes de formular la misma pregunta que hiciera, siglos atrás, al Oráculo de Delfos- ¿...conseguiré romper la maldición? -preguntó en voz baja.

Yari barajó las cartas, y sacó tres de ella. Abrió unos ojos como platos.

Nick no necesitaba que las interpretara. Ya lo veía por sí mismo: una torre destrozada por un rayo, un corazón atravesado por tres espadas, y dos personas encadenadas y arrastradas por un demonio.

- No pasa nada -le dijo a Yari-. Jamás he pensado que pudiese salir bien.

- Eso no es lo que nos dicen las cartas -susurró-. Pero tienes toda una batalla por delante.

Nick soltó una amarga carcajada.

- Manejo bien las batallas -era el dolor que sentía en el corazón lo que iba a acabar con él.

 

___ se limpió las lágrimas de la cara mientras entraba en el camino de acceso al jardín. Apretó los dientes al bajarse del coche, y cerró la puerta con un fuerte golpe.

Al infierno con Nick. Podía quedarse atrapado en el libro para toda la eternidad. Ella no era un trozo de carne a su entera disposición.

¿Cómo pod...?

Buscó en el bolsillo las llaves de la entrada.

- ¿Y cómo no iba a hacerlo? -murmuró. Sacó la llave y abrió la puerta.

La ira la consumía. Estaba siendo irrazonable, y lo sabía. Nick no tenía la culpa de que Robert hubiese sido un cerdo egoísta. Como tampoco era culpable de que ella temiese ser utilizada.

Estaba culpando a Nick por algo en lo que no había participado, pero aún así...

Sólo quería a alguien que la amara. Que alguien quisiera quedarse a su lado.

Y había esperado que al ayudar a Nick se quedara cerca y...

Cerró la puerta y meneó la cabeza. Por mucho que deseara que las cosas fuesen distintas, nada iba a cambiar, puesto que no estaba escrito que fuesen de otro modo. Había escuchado lo que Ben contó acerca de la vida de Nick. La historia que el mismo Nick contó a los niños sobre la batalla.

Recordaba el modo en que había cruzado la calle como una exhalación para salvar al niño.

Él había nacido para liderar un ejército. No pertenecía a esta época. Pertenecía a su mundo antiguo.

Era muy egoísta por su parte intentar mantenerlo a su lado, como si fuese una mascota que acabase de rescatar.

Subió las escaleras penosamente, con el corazón destrozado. Tendría que alejarse de él. Era todo lo que podía hacer. Porque, en el fondo, sabía que cuanto más supiese acerca de Nick, más cariño le cogería. Y si él no tenía intención de quedarse, acabaría muy herida.

Había subido la mitad de la escalera, cuando alguien llamó a la puerta principal. Por un instante, se le levantó el ánimo al pensar que podía ser Nick; hasta que llegó a la puerta y vio la silueta de un hombre bajito esperando en el porche.

Entreabrió la puerta y emitió un jadeo.

Era Jason Carmichael.

Llevaba un traje marrón oscuro, con una camisa amarilla y corbata roja. Se había peinado hacia atrás el pelo corto y negro, y le dedicaba una radiante sonrisa.

- ¡Hola ____!

- Señor Carmichael -lo saludó glacialmente, aunque el corazón le latía a toda prisa. Había algo definitivamente espeluznante en este tipejo delgado-. ¿Qué está haciendo aquí?

- Pasaba por aquí y me detuve para saludar. Se me ocurrió que pod...

- Tiene que marcharse.

Él frunció el ceño.

- ¿Por qué? Sólo quiero hablar contigo.

- Porque no atiendo a mis pacientes en casa.

- Vale, pero yo no soy...

- Señor Carmichael -le dijo con brusquedad-. Tiene que marcharse. Si no lo hace, llamaré a la policía.

Sin hacer mucho caso a la ira de ___, asintió con la cabeza, demostrando tener la paciencia de un santo.

- ¡Vaya! Entonces debes estar ocupada. Puedo pasar por aquí más tarde. Yo también tengo mucho que hacer. ¿Vengo luego entonces? Podemos cenar juntos.

Totalmente muda de asombro, ___ lo miró fijamente a los ojos.

- No.

Él sonrió ante la negativa.

- Vamos, ___. No seas así. Sabes que estamos hechos el uno para el otro. Si me dejas...

- ¡Márchese!

- Muy bien; pero volveré. Tenemos mucho de qué hablar -se dio la vuelta y bajó la escaleras del porche.

Con el corazón martilleando en el pecho, ella cerró la puerta y echó el seguro.

- Voy a matarte, Luanne -dijo mientras se dirigía a la cocina. Al pasar por la salita de estar, una sombra en la ventana llamó su atención.

Era Jason.

Aterrada, cogió el teléfono y llamó a la policía.

Tardaron casi una hora en llegar. Jason permaneció en el jardín todo el tiempo, de ventana en ventana, observándola a través de las rendijas de las persianas. Hasta que no vio que el coche de policía subía por el camino de entrada no desapareció por el patio trasero.

___ tomó una profunda bocanada de aire para calmar sus nervios y abrió la puerta para que pasaran los agentes.

Se quedaron el tiempo suficiente para informarle de que no podían hacer nada para mantener a Jason alejado de ella. Lo mejor que podía hacer era conseguir una orden de alejamiento, pero puesto que era ella la que debía encargarse del tratamiento de Jason hasta que Luanne regresara, era algo totalmente inútil.

- Lo siento -se disculpó el policía en la puerta, mientras los acompañaba-, pero no ha incumplido ninguna ley que nos permita ayudarle a librarse de él. Podría solicitar una orden de detención por allanamiento, pero a menos que tenga antecedentes no servirá de nada.

El agente, un hombre joven, la miró compasivo.

- Sé que no le va a servir de mucho consuelo, pero podemos intentar patrullar la zona con más frecuencia. Aunque el verano es una época especialmente ajetreada para nosotros. A modo personal, le aconsejo que se marche a casa de un amigo durante un tiempo.

- De acuerdo, muchas gracias -tan pronto como se marcharon, corrió por toda la casa, asegurando puertas y ventanas con los cerrojos y pestillos.

Intranquila, lanzaba miradas en torno a su propio hogar, esperando ver a Jason entrar a través de un agujero en la pared, como si se tratara de una cucaracha.

Si tan sólo supiera realmente si el tipo era o no peligroso... Su informe del hospital psiquiátrico mencionaba un comportamiento desviado y persecutorio hacia mujeres, a las que acosaba pero jamás hería físicamente. Se limitaba a aterrorizar a sus víctimas imponiéndoles su presencia continuamente, por lo cual había sido enviado al hospital para comenzar a tratarlo.

Como psicóloga, ___ sabía que no había nada especialmente peligroso en Jason, pero como mujer estaba asustada.

Lo último que quería era acabar como una estadística más.

No, no podía quedarse allí esperando que el tipo regresara y la encontrara sola.

Se apresuró a subir las escaleras para hacer el equipaje.

UN AMANTE DE ENSUEÑO [Nick y Tu] Cap. 10

Capítulo 10

 

Algo iba mal. ___ lo notaba en el ambiente mientras conducía hacia el Barrio Francés. Nick iba sentado junto a ella, mirando por la ventana.

Había intentado varias veces hacerlo hablar, pero no había modo de que despegara los labios. Todo lo que se le ocurría era que estaba deprimido por lo sucedido en el cuarto de baño. Debía ser duro para un hombre habituado a mantener un férreo control de sí mismo perderlo de aquel modo.

Aparcó el coche en el estacionamiento público.

- ¡Vaya, qué calor hace! -exclamó al salir y sentirse inmediatamente asaltada por el aire cargado y denso.

Echó un vistazo a Nick, que estaba realmente deslumbrante con las gafas de sol oscuras que le había comprado. Una fina capa de sudor le cubría la piel.

- ¿Hace demasiado calor para ti? -le preguntó, pensando en lo mal que lo estaría pasando con los vaqueros y el polo de punto.

- No voy a morirme, si te refieres a eso -le contestó mordazmente.

- Estamos un poco irritados, ¿no?

- Lo siento -se disculpó al llegar a su lado-. Estoy pagando mi mal humor contigo, cuando no tienes la culpa de nada.

- No importa. Estoy acostumbrada a ser el chivo expiatorio. De hecho, lo he convertido en mi profesión.

Puesto que no podía verle los ojos, ___ no sabía si sus palabras le habían hecho gracia o no.

- ¿Eso es lo que hacen tus pacientes?

Ella asintió.

- Hay días que son espeluznantes. Pero prefiero que me grite una mujer a que lo haga un hombre.

- ¿Te han hecho daño alguna vez? -El afán de protección de su voz la dejó perpleja. Y encantada. Había echado mucho de menos tener a alguien que la cuidase.

- No -contestó, intentando disipar la evidente tensión de su cuerpo. Esperaba que nunca le hiciesen daño, pero después de la llamada de Jason, no estaba muy segura, y era bastante posible que ese tipo acabase con su buena suerte.

*Estás siendo ridícula. Sólo porque el hombre te ponga los pelos de punta no significa que sea peligroso.*

La expresión del rostro de Nick era dura y muy seria.

- Creo que deberías buscarte una nueva profesión.

- Tal vez -le dijo evasivamente. No tenía ninguna intención de dejar su trabajo-. A ver, ¿dónde vamos primero?

Él se encogió de hombros despreocupadamente.

- Me da exactamente igual.

- Entonces, vamos al Acuario. Por lo menos hay aire acondicionado -y cogiéndolo del brazo, cruzó el estacionamiento y se encaminó por Moonwalk hacia el lugar.

Nick permaneció en silencio mientras ella compraba las entradas y lo guiaba hacia el interior. No dijo nada hasta que estuvieron paseando por los túneles subacuáticos, que les permitían observar las distintas especies marinas en su hábitat natural.

- Es increíble -balbució cuando una enorme raya pasó sobre sus cabezas. Tenía una expresión infantil, y la luz que chispeaba en sus ojos la llenó de calidez.

Súbitamente, sonó su busca. Soltó una maldición y miró el número. ¿Una llamada desde el despacho un sábado?

Qué raro.

Sacó el móvil del bolso y llamó.

- ¡Hola, ___! -le dijo Beth, tan pronto como descolgó-. Escucha, estoy en mi consulta. Anoche entró alguien al despacho.

- ¡No!, ¿quién haría algo así?

___ captó la mirada curiosa en los ojos de Nick. Le ofreció una sonrisa insegura, y siguió escuchando a Beth Livingston, la psiquiatra que compartía la consulta con Luanne y con ella.

- Ni idea. Hay un equipo de la policía buscando huellas y todo está acordonado. Por lo que he visto, no se han llevado nada importante. ¿Tenías algo de valor en tu consulta?

- Sólo el ordenador.

- Está todavía allí. ¿Algo más? ¿Dinero, cualquier otra cosa?

- No, nunca dejo objetos de valor ahí.

- Espera, el oficial quiere hablar contigo.

___ esperó hasta escuchar una voz masculina.

- ¿Doctora Alexander?

- Sí, soy yo.

- Soy el oficial Allred. Parece que se llevaron su organizador Rodolex y unos cuantos archivadores. ¿Sabe de alguien que pudiera estar interesado en ellos?

- Pues no. ¿Necesita que vaya para allá?

- No, no. Estamos buscando huellas, pero si se le ocurre algo, por favor, llámenos -y le pasó el teléfono a Beth.

- ¿Quieres que vaya? -le preguntó.

- No. No hay nada que puedas hacer. En realidad, es bastante aburrido.

- Vale, avísame al busca si necesitas algo.

- Lo haré.

___ colgó el teléfono y lo devolvió al bolso.

- ¿Ha pasado algo? -preguntó Nick.

- Alguien entró anoche en mi despacho.

Él frunció el ceño.

- ¿Para qué?

- Ni idea -la pausa de ___ hizo que el ceño de Nick se intensificara, mientras ella pensaba en los posibles motivos-. No puedo imaginarme para qué iba a querer alguien mi Rodolex. Desde que me compré el Palm Pilot, ni siquiera lo he usado. Es muy extraño.

- ¿Tenemos que irnos?

Ella agitó la cabeza.

- No hace falta.

Nick dejó que __ lo guiara alrededor de los diferentes acuarios, mientras le leía las extrañas inscripciones que explicaban detalles sobre las distintas especies y sus hábitats.

¡Por los dioses!, cómo le gustaba escuchar el sonido de su voz al leer. Había algo muy relajante en la voz de ___. Le pasó un brazo por los hombros mientras paseaban. Ella le rodeó la cintura y enganchó un dedo en una de las trabillas del cinturón.

El gesto consiguió debilitarlo. Se dio cuenta de que pasaba las horas deseando sentir el roce de su cuerpo. Y la sensación sería mucho más placentera si ambos estuviesen desnudos en ese mismo momento.

Cuando ella le sonrió, el corazón se le aceleró descontroladamente. ¿Qué tenía esta mujer que despertaba algo en él que jamás había sentido?

Pero en el fondo lo sabía. Era la primera mujer que "lo" veía. No a su apariencia física, ni a sus proezas de guerrero. Ella veía su alma.

Jamás había pensado que podía existir una persona así.

___ lo trataba como a un amigo. Y su interés en ayudarlo era genuino. O al menos, eso parecía.

*Es parte de su trabajo.*

¿O era de verdad?

¿Podía una mujer tan maravillosa y compasiva como ella preocuparse realmente por un tipo como él?

___ se detuvo delante de otra inscripción. Nick se quedó tras ella y le pasó ambos brazos por los hombros. Ella le acarició distraídamente los antebrazos mientras leía.

Con el cuerpo en llamas por el deseo que despertaba en él, inclinó la barbilla hasta apoyarla sobre su cabeza y escuchar de ese modo la explicación, mientras observaba cómo nadaban los peces. El olor de su piel invadió sus sentidos y anheló volver a su casa, donde podría quitarle la ropa.

No era capaz de recordar cuándo había sido la última vez que deseó tanto a una mujer como le ocurría con ___. De hecho, no creía posible que algo así le hubiese ocurrido antes. Deseaba perderse en su interior. Sentir sus uñas arañándole la espalda mientras gritaba al llegar al clímax.

Que las Parcas se apiadasen de él. ___ se le había metido bajo la piel.

Y estaba aterrado. Ella ocupaba un lugar en su corazón que acabaría destrozándolo si le faltaba. Sólo ella podía acabar realmente con él. Hacerlo pedazos.

Era casi la una del mediodía cuando salieron del Acuario. ___ se encogió tan pronto como volvieron a la calle, asaltada por la oleada de calor. En días como éste, se preguntaba cómo podría la gente sobrevivir antes de que se inventara el aire acondicionado.

Miró a Nick y sonrió. Por fin había encontrado a alguien a quien preguntar.

- Dime una cosa, ¿qué hacíais para sobrevivir en días tan calurosos como éste?

Él arqueó una ceja con un gesto arrogante.

- Hoy no hace calor. Si quieres saber lo que es el calor, intenta atravesar un desierto con todo tu ejército, llevando la armadura y con sólo medio odre de agua para mantenerte.

Ella hizo un gesto compasivo.

- Abrasador, supongo.

Él no respondió.

___ echó un vistazo a la plaza, atestada de gente.

- ¿Quieres que vayamos a ver a Yare y demos una vuelta por la plaza? Debe estar en su tenderete. El sábado suele ser uno de sus mejores días.

- Vamos.

Agarrados de la mano, bajaron la calle hasta llegar a Jackson Square. Como era de esperar, Yari estaba en su puestecillo con un cliente. ___ comenzó a alejarse para no interrumpir, pero Selena la vio y le hizo un gesto para que se acercara.

- Oye, ___, ¿te acuerdas de Ben? Bueno, mejor del doctor Lewis, de la facultad.

___ dudó en acercarse al reconocer al tipo corpulento, entrado ya en los cuarenta.

¿Que si lo recordaba? Le había puesto una nota bajísima en su asignatura, con lo cual, le bajó la media de todo el curso. Sin mencionar que el hombre tenía un ego tan grande como el territorio de Alaska, y le encantaba hacer pasar un mal rato a sus alumnos. De hecho, aún recordaba a una pobre chica que se echó a llorar cuando él dio el sádico examen final que había preparado. El tío se rió, literalmente a carcajadas, cuando vio la reacción de la chica.

- ¡Hola! -saludó, ___ intentando no demostrar su antipatía. Suponía que el hombre no podía evitar ser detestable. Como buen licenciado por la universidad de Harvard, debía pensar que el mundo giraba a su alrededor.

- Señorita Alexander -la saludó con el mismo tono despectivo tan insoportable que ella recordaba a la perfección.

- En realidad debería llamarme "doctora" Alexander -lo corrigió, encantada al ver cómo abría los ojos por la sorpresa.

- Discúlpeme -le dijo con un tono de voz que distaba mucho de parecer arrepentido.

- Ben y yo estábamos charlando sobre la Antigua Grecia -explicó Yare, dedicándole una diabólica sonrisa a Nick-. Soy de la opinión de que Afrodita era hija de Urano.

Ben puso los ojos en blanco.

- No me cansaré de decirte que, según la opinión más extendida, era hija de Zeus y Dione. ¿Cuándo vas a aceptarlo y a unirte a nosotros?

Yare lo ignoró.

- Dime, Nick, ¿quién tiene razón?

Ben recorrió a Nick de arriba abajo con una arrogante mirada. ___ sabía que lo único que veía en él era a un hombre excepcionalmente apuesto, que parecía sacado de un anuncio de automóviles.

- Joven, ¿ha leído usted alguna vez a Homero?, ¿sabe quién es?

___ suprimió una carcajada ante la pregunta. Estaba deseando escuchar la respuesta de Nick.

Él se rió con ganas.

- He leído a Homero en profundidad. Las obras que se le atribuyen no son más que una amalgama de leyendas, fusionadas con datos reales a lo largo de los siglos, y cuyos verdaderos orígenes se han perdido en las brumas del tiempo. Muy al contrario que la Teogonía de Hesíodo, la cual escribió con la ayuda directa de Clío.

UN AMANTE DE ENSUEÑO [Nick y Tu] cap.9 lo qe faltaba de la parte 4

LO QE FALTABA DE LA PARTE 4

El dolor volvió a desgarrarlo. No importaba cuántas veces tuviera relaciones sexuales, el resultado siempre era el mismo. Siempre acababa herido. Si no se trataba de su cuerpo, era en lo profundo de su alma.

«Ninguna mujer decente te querrá a la luz del día.»

Era verdad, y lo sabía.

___ percibió su tensión.

- ¿Te he hecho daño? -preguntó mientras alejaba la mano.

Él negó con la cabeza y le colocó las manos a ambos lados del cuello para besarla profundamente. Súbitamente el beso cambió, intensificándose, como si estuviese intentado probar algo ante los dos.

Deslizó la mano por el brazo de ___, hasta capturar la suya y enlazar los dedos. Después, movió las manos unidas y la acarició entre las piernas.

___ gimió mientras él la tocaba con las manos entrelazadas. Era lo más erótico que había experimentado jamás.

Temblaba de pies a cabeza mientras él aumentaba el ritmo de las caricias. Cuando introdujo los dedos de ambos en su interior, ___ gritó de placer.

- Eso es -le murmuró al oído-. Siéntenos a los dos unidos.

Sin aliento, __ se agarró al hombro de Nick con la mano libre y el cuerpo en llamas. ¡Dios, era un amante increíble!

De pronto, él retiró las manos y le alzó una de las piernas para pasársela por la cintura.

___ lo dejó hacer, hasta que se dio cuenta de sus intenciones. Estaba preparándose para penetrarla.

- ¡No! -jadeó mientras lo empujaba-. Nick, no puedes.

Sus ojos llameaban de necesidad y deseo.

- Sólo quiero esto de ti, ___. Déjame poseerte.

Ella estuvo a punto de ceder.

Pero entonces, algo extraño le sucedió a sus ojos. Un velo oscuro cayó sobre ellos, y las pupilas se le dilataron por completo.

Se quedó inmóvil. Respiraba entre jadeos y cerró los ojos como si estuviese luchando con un enemigo invisible.

Lanzando una maldición, se alejó de ella.

- ¡Corre! -gritó.

___ no lo dudó.

Salió como pudo de debajo de él, agarró la toalla y corrió hacia la puerta. Pero no pudo abandonarlo.

Se detuvo en la entrada y miró hacia atrás. Vio cómo Nick se agachaba hasta quedar apoyado en las manos y las rodillas, y se agitaba como si lo estuviesen torturando.

Lo escuchó golpear la bañera con el puño cerrado mientras gruñía de dolor.

El corazón de ___ martilleaba frenético al verlo luchar. Si supiese qué podía hacer...

Finalmente, cayó exhausto a la bañera.

Aterrorizada, y sin poder dejar de temblar, ___ entró en el cuarto de baño de nuevo y dio tres cautelosos pasos hacia la bañera, preparada para salir corriendo si él intentaba agarrarla.

Estaba tendido de costado, con los ojos cerrados. Respiraba con dificultad y parecía débil y agotado mientras el agua caía sobre él, aplastando los mechones  sobre su rostro.

Cerró el grifo.

Nick no se movió.

- ¿Nick?

Abrió los ojos.

- ¿Te he asustado?

- Un poco -le contestó con franqueza.

Él respiró hondo, entrecortadamente, y se sentó despacio. No la miró. Tenía los ojos clavados en algo que estaba a su espalda, por encima de su hombro.

- No voy a ser capaz de luchar contra eso -dijo, tras una larga pausa. Entonces la miró-. Nos estamos engañando, ___. Déjame poseerte mientras estoy calmado.

- ¿Eso es lo que quieres de verdad?

Nick apretó los dientes al escuchar su pregunta. No, no era lo que quería. Pero lo que deseaba estaba más allá de su alcance.

Quería cosas que los dioses no habían dispuesto para él. Cosas que ni siquiera se atrevía a nombrar, porque el simple hecho de pronunciarlas hacía su ausencia aún más insoportable.

- Me gustaría poder morirme.

___ retrocedió ante la sincera respuesta. Cómo deseaba poder consolarlo. Alejar su sufrimiento.

- Lo sé -le dijo, con la voz ronca por las lágrimas que no se atrevía a derramar. Le pasó los brazos alrededor de los fuertes y esbeltos hombros, y lo abrazó con fuerza.

Para su sorpresa, Nick apoyó la mejilla sobre la suya. Ninguno de los dos pronunció una palabra mientras se abrazaban. Finalmente, él se apartó.

- Es mejor que nos detengamos antes de que... -no acabó la frase, pero no era necesario que lo hiciese. ___ ya había sido testigo de las consecuencias, y no tenía ningún deseo de repetir la experiencia.

Lo dejó en el cuarto de baño y fue a vestirse. Nick salió lentamente de la bañera y se secó con una toalla. Escuchaba a ___ en su habitación; estaba abriendo la puerta del armario. En su mente, se la imaginó desnuda y la visión lo enardeció.

Una demoledora oleada de deseo lo asaltó, golpeándolo con tal fuerza que estuvo a punto de caer de espaldas al suelo.

Se agarró al lavabo mientras luchaba consigo mismo.

- No puedo seguir viviendo así -balbució-. No soy un animal.

Alzó los ojos y se contempló en el espejo. Era la viva imagen de su padre. Miró su rostro con odio.

Podía sentir los latigazos en la espalda, mientras su padre lo golpeaba hasta que casi no podía tenerse en pie.

«No te atrevas a llorar, niño bonito. Ni un solo sollozo. Puede que seas el hijo de una diosa, pero éste es el mundo en el que vives, y aquí no mimamos a los niños bonitos como tú.»

En el fondo de su mente, veía la mirada de desprecio de su padre mientras lo golpeaba con el puño hasta arrojarlo al suelo, y después lo levantaba por el cuello hasta casi asfixiarlo. Él pateaba e intentaba defenderse con los puños, pero a los catorce años era demasiado joven e inexperto como para eludir los golpes del general.

Con el rostro desfigurado por una mueca de desprecio, su padre le había cortado en la mejilla con una daga, hundiéndola hasta el hueso. Y todo porque había pescado a su esposa mirándolo mientras comían.

«Veamos si ahora te desea.»

El lacerante dolor del corte fue insoportable, y la hemorragia no se detuvo en todo el día. A la mañana siguiente, la herida había desaparecido sin dejar huella.

La ira de su progenitor había sido inconmensurable.

- ¿Nick?

Sobresaltado, dio un pequeño brinco al escuchar una voz olvidada desde hacía dos mil años.

Echó un vistazo a la estancia, pero no vio nada.

Sin estar muy seguro de haber escuchado la voz, habló en voz baja.

- ¿Atenea?

La diosa se materializó delante de él, justo en el hueco de la puerta. Aunque llevaba ropas modernas, tenía el pelo negro recogido sobre la cabeza, al estilo griego, con mechones rizados que le caían sobre los hombros. Sus pálidos ojos azules se llenaron de ternura al sonreír.

- Vengo en representación de tu madre.

- ¿Todavía no es capaz de enfrentarme?

Atenea apartó la mirada.

Nick sintió el repentino impulso de reírse a carcajadas. ¿Por qué se molestaba en esperar que su madre quisiera verlo?

Debería estar acostumbrado.

Atenea jugueteaba con uno de sus rizos, envolviéndoselo en el dedo, mientras lo observaba con una extraña expresión de melancolía en el rostro.

- Que conste que te habría ayudado de haber sabido esto. Eras mi general favorito.

De repente, comprendió lo que había ocurrido tantos siglos atrás.

- Me utilizaste en tu pulso contra Príapo, ¿verdad?

Vio la culpa reflejada en los ojos de la diosa antes de que ella pudiese ocultarla.

- Lo hecho, hecho está.

Con los labios fruncidos por la ira, la miró furioso.

- ¿Ah, sí? ¿Por qué me enviaste a esa batalla cuando sabías que Príapo me odiaba?

- Porque sabía que podías ganar, y yo odiaba a los romanos. Eras el único general que tenía que podía deshacerse de Livio, y así lo hiciste. Jamás me he sentido más orgullosa de ti que aquel día, cuando le cortaste la cabeza.

Cegado por la amargura, era incapaz de creer lo que estaba escuchando.

- ¿Ahora me dices que estabas orgullosa?

Ella ignoró su pregunta.

- Tu madre y yo hemos hablado con Cloto para que te ayude.

Nick se paralizó al escucharla. Cloto era la Parca encargada de las vidas de los humanos. La hilandera del destino.

- ¿Y?

- Si consigues romper la maldición, podremos devolverte a Macedonia; regresarás al mismo día en que fuiste maldecido a permanecer en el pergamino.

- ¿Puedo regresar? -repitió, anonadado por la incredulidad.

- Pero no se te permitirá volver a luchar. Si lo haces, podrías cambiar el curso de la historia. Si te enviamos de vuelta, deberás jurar que vivirás retirado en tu villa.

Siempre había una trampa. Debería haberlo recordado antes de pensar que podían ayudarlo.

- ¿Con qué propósito, entonces?

- Vivirás en tu época. En el mundo que conoces -diciendo esto, echó un vistazo al cuarto de baño-. O puedes permanecer aquí, si lo prefieres. La elección es tuya.

Nick resopló.

- Menuda elección.

- Es mejor que no tener ninguna.

¿Sería cierto? Ya no estaba seguro de nada.

- ¿Y mis hijos? -preguntó. Quería, no, "deseaba" volver a ver a su familia, a las dos únicas personas que habían significado algo para él.

- Sabes que no podemos cambiar eso.

Nick maldijo a Atenea. Los dioses siempre conseguían atormentarlo quitándole todo lo que le importaba. Jamás le habían concedido nada.

Atenea alargó el brazo y lo acarició ligeramente en la mejilla.

- Elige con cuidado -susurró, y se desvaneció.

- ¿Nick?, ¿con quién hablas?

Parpadeó al escuchar a ___ en el pasillo.

- Con nadie -contestó-. Hablo solo.

- ¡Ah! -exclamó ella, aceptando la mentira sin problemas-. Estaba pensando en llevarte de nuevo al Barrio Francés esta tarde. Podemos visitar el Acuario. ¿Qué te parece?

- Claro -respondió él, saliendo del baño.

___ frunció el ceño, pero no dijo nada mientras se dirigía hacia las escaleras.

Nick fue a cambiarse a la habitación. Mientras se ponía los pantalones, se fijó en las fotografías que ___ tenía en el vestidor. Parecía una niña tan feliz... tan libre. Le gustaba especialmente una en la que su madre le pasaba los brazos alrededor del cuello y ambas se reían a carcajadas.

En ese momento, supo lo que debía hacer. No importaba lo mucho que deseara otras cosas, jamás podría quedarse con ella. Se lo había dicho ella misma la noche que lo invocaron.

Tenía su propia vida. Una en la que él no estaba incluido.

No, ___ no necesitaba a alguien como él. A alguien que sólo atraería la indeseada atención de los dioses sobre su cabeza.

Rompería la maldición y aceptaría la oferta de Atenea.

No pertenecía a esta época. Su mundo era la antigua Macedonia. Y la soledad.

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