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Las categorías son:
Mejor Escritora
Novelas:
- Novela a la mejor Romántica
- Novela a la mejor Dramática
- Novela a la mejor de Comedia
- Novela al mejor Diseño
- Novela al mejor blog Alternativo
Mejor novela de los Jonas:
- Novela de Nick
- Novela de Kevin
- Novela de Joe
- su nombre
- el nombre de la novela, que desean nominar
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Las inscripciones serán a partir del 29/08/10 hasta el día 10/09/10, pueden hacerlo mediante un comentario o un mensaje en la misma.
Para inscribirse dejan su:
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Parte 2
El doctor Lewis dijo algo en griego clásico.
- Es más que una simple opinión, doctor -le contestó Nick en inglés-. Es un hecho probado.
Ben volvió a mirarlo con atención, pero ___ sabía que aún no estaba muy dispuesto a creer que alguien con el aspecto de Nick pudiese darle una lección en su propio campo.
- ¿Y usted cómo lo sabe?
Nick le respondió en griego.
Por primera vez desde que conocía a aquel hombre, hacía ya más de una década, ___ lo vio totalmente sorprendido.
- ¡Dios mío! -jadeó-. Habla griego como si fuese su lengua materna.
Nick miró a ___ con una sonrisa sincera; se estaba divirtiendo.
- Ya te lo dije -le dijo Yari-. Conoce a los dioses griegos mejor que cualquier otra persona.
El doctor Lewis vio entonces el anillo de Nick.
- ¿Es eso lo que creo que es? -inquirió-. ¿Un anillo de general?
Nick asintió.
- Sí.
- ¿Le importa si le echo un vistazo?
Nick se lo quitó y se lo ofreció. El doctor Lewis contuvo el aliento.
- ¿Macedonio? Creo que del siglo II AC.
- Exacto.
- Es una reproducción increíble -comentó Ben, mientras se lo devolvía.
Nick se lo puso de nuevo.
- No es una reproducción.
- ¡No puede ser! -jadeó Ben, incrédulo-. No puede ser original, es excesivamente antiguo.
- Lo tenía un coleccionista privado -apuntó Yari. Ben no dejaba de mirarla para, al momento, volver a centrar su atención en Nick.
- ¿Cómo lo consiguió? -le preguntó.
Nick tardó en contestar mientras recordaba el día en que se lo dieron. Zac de Tracia y él habían sido ascendidos a la vez, después de salvar, prácticamente los dos solos, la ciudad de Temópolis de las garras de los romanos.
Había sido una batalla larga, sangrienta y brutal. Su ejército se había desperdigado, dejándolos solos a Zac y a él para defender la ciudad. Nick había esperado que Zac lo abandonara también, pero el idiota le había sonreído, sosteniendo una espada en cada mano, y le había dicho: «Es un hermoso día para morir. ¿Qué te parece si matamos unos cuantos bastardos romanos antes de pagar a Caronte?»
Zac de Tracia, un lunático total y absoluto, siempre había tenido más agallas que cerebro.
Cuando todo hubo acabado, bebieron hasta acabar debajo de las mesas. Y a la mañana siguiente, los despertaron con la noticia del ascenso.
¡Por los dioses! De todas las personas que había conocido en Macedonia, Zac era a quién más echaba de menos. Era el único que siempre le guardó las espaldas y lo defendió.
- Fue un regalo -contestó Nick a Ben.
Él echó un vistazo a la mano de Nick, con los ojos cargados de codicia.
- ¿Consideraría usted la posibilidad de venderlo? Yo estaría a dispuesto a pagar lo que pidiese.
- Nunca -contestó Nick, recordando las heridas que había recibido durante la batalla de Temópolis-. No sabe por lo que pasé para conseguirlo.
Ben meneó la cabeza.
- Ojalá alguien me hiciese alguna vez un regalo como ése. ¿Tiene la más ligera idea de lo que le darían por él?
- La última vez que lo comprobé, me ofrecieron mi peso en oro.
Ben soltó una carcajada y dio una palmada sobre la mesa de Yari.
- Muy bueno. Ése era el precio para liberar a un general capturado, ¿verdad?
- Para aquellos cobardes que no eran capaces de morir luchando, sí.
Los ojos de Ben mostraron un nuevo respeto al observar a Nick.
- ¿Sabe a quién perteneció?
Yari contestó.
- A Nicholas de Macedonia. ¿Has oído hablar de él en alguna ocasión, Ben?
Él se quedó con la boca abierta y los ojos como platos.
- ¿Estás hablando en serio? ¿Es que no sabes quién fue?
Yari puso una expresión extraña. Asumiendo que no lo sabía, Ben continuó hablando.
- Tesio dijo de él que iba a ser el nuevo Alejandro Magno. Nicholas era hijo de Diocles de Esparta, también conocido como Diocles el Carnicero. Ese hombre haría que el Marqués de Sade pareciese Ronald McDonald.
» Según los rumores, Nicholas nació de una relación entre Afrodita y el general, después de que Diocles salvara uno de los templos de la diosa de ser profanado. La opinión más extendida hoy en día es que su madre fue una de las sacerdotisas del templo.
- ¿De verdad? -preguntó ___.
Nick puso los ojos en blanco.
- A nadie le interesa quién pudo ser el tal Nicholas. Ese tipo murió hace siglos.
Ben lo ignoró y siguió alardeando de sus conocimientos.
- Los romanos lo conocían como Augusto Julio Punitor... -miró a ___ y añadió para que ella lo entendiera: - Nicholas, el Ejecutor. Él y Zachary de Tracia dejaron un rastro sangriento a lo largo de todo el Mediterráneo, durante la cuarta guerra macedonia contra Roma. Nicholas despreciaba a los romanos, y juró que vería la ciudad arrasada bajo su ejército. Él y Zachary estuvieron a punto de conseguir que Roma se arrodillara ante ellos.
La mandíbula de Nick se relajó un poco.
- ¿Sabe qué le ocurrió a Zachary de Tracia?
Ben dejó escapar un silbido.
- No tuvo un final agradable. Fue capturado; los romanos lo crucificaron en el año 47 a.C.
Nick retrocedió al escucharlo. Con una mirada apesadumbrada y jugueteando con el anillo, dijo:
- Ese hombre era, sin duda, uno de los mejores guerreros que jamás han existido. Amaba la lucha como ningún otro que haya conocido -movió la cabeza-. Recuerdo que una vez Zachary condujo su carro hasta atravesar una barrera de escudos, rompiendo los cuellos de los soldados romanos y permitiendo que sus hombres los derrotaran con tan sólo un puñado de bajas -frunció el ceño-. No puedo creer que lo capturaran.
Ben encogió los hombros con un gesto indiferente.
- Bueno, una vez desaparecido Nicholas, Zachary era el único general macedonio digno de dirigir un ejército; por eso los romanos fueron tras él con todo lo que tenían.
- ¿Qué le sucedió a Nicholas? -preguntó ___, intrigada por lo que los historiadores opinaban del tema.
Nick la miró furioso.
- Nadie lo sabe -le respondió Ben-. Es uno de los grandes misterios del mundo antiguo. Aquí tenemos a un general al que nadie puede derrotar en el campo de batalla y, de repente ¡puf! Desaparece sin dejar rastro -tamborileó con un dedo sobre la mesa de Yari-. La última vez que se le vio fue en la batalla de Conjara. En un brillante movimiento táctico, engañó a Livio, que perdió su, hasta entonces, inexpugnable posición. Fue una de las mayores derrotas en la historia del Imperio Romano.
- ¿Y a quién le importa? -se quejó Nick.
Ben ignoró la interrupción.
- Tras la batalla, se supone que Nicholas mandó decir a Escipión el Joven que le perseguiría, en venganza por la derrota que acababa de infligirle al ejército macedonio. Aterrorizado, Escipión abandonó su carrera militar en Macedonia y se marchó como voluntario a la Península Ibérica, para seguir luchando allí -el profesor agitó la cabeza-. Pero antes de que Nicholas pudiese llevar a cabo la amenaza, se desvaneció. Encontraron a toda su familia asesinada en su propio hogar. Y ahí es donde la cosa se pone interesante -miró entonces a Yari.
» Los escritos macedonios que han llegado hasta nuestros días, afirman que Livio lo hirió de muerte durante la batalla, y que en mitad de un increíble dolor, regresó cabalgando a casa para asesinar a su familia y evitar, de este modo, que su enemigo los tomara como esclavos.
» Los textos romanos aseguran que Escipión envió a varios de sus soldados, que atacaron a Nicholas en mitad de la noche. Supuestamente, lo mataron junto al resto de su familia, lo descuartizaron y ocultaron los pedazos de su cuerpo.
Nick resopló ante la idea.
- Escipión era un cobarde y un fanfarrón. Jamás se habría atrevido a atacarm...
- ¡Bueno! -exclamó __, interrumpiendo a Nick antes de que se delatase-. Hace un tiempo espléndido, ¿verdad?
- Escipión no era ningún cobarde -le respondió Ben-. Nadie puede discutir sus éxitos en la Península Ibérica.
___ vio como el odio se reflejaba en los ojos de Nick.
Pero Ben no pareció notarlo.
- Joven, el valor de ese anillo que lleva es incalculable. Me encantaría saber cómo puede conseguirse algo así. Y a ese respecto, mataría por saber qué le ocurrió a su dueño original.
___ miró incómoda a Yari.
Nick hizo una mueca sarcástica a Ben.
- Nicholas de Macedonia desató la ira de los dioses y fue castigado por su arrogancia.
- Supongo que esa podría ser otra explicación -en ese momento, sonó la alarma de su reloj-. ¡Joder! Tengo que recoger a mi esposa.
Se puso en pie y le ofreció la mano a Nick.
- No nos han presentado adecuadamente. Soy Ben Lewis.
- Nicholas -le contestó, aceptando el saludo.
El doctor Lewis se rió. Hasta que se dio cuenta que Nick no bromeaba.
- ¿En serio?
- Me pusieron el nombre de su general macedonio, se podría decir.
- Su padre debe haber sido como el mío. Dos amantes de todo lo griego.
- En realidad, en mi caso su lealtad iba para Esparta.
Ben se rió con más ganas. Echó una mirada rápida a Yari.
- ¿Por qué no lo traes a la próxima reunión del Sócrates? Me encantaría que los chicos lo conocieran. No es muy frecuente encontrar a alguien que conoce la historia griega tan profundamente como yo.
Dicho esto, volvió a dirigirse a Nick.
- Ha sido un placer. ¡Nos vemos! -le dijo a Yari.
- Bueno -comenzó a decir Selena una vez que Ben hubo desaparecido entre el gentío-, amigo mío, has logrado lo imposible. Acabas de dejar impresionado a uno de los investigadores de la Antigua Grecia más importantes de este país.
Nick no pareció impresionarse demasiado, pero ___ sí lo hizo.
- Yari, ¿crees que es posible que Nick pueda trabajar como profesor en la facultad una vez acabemos con la maldición? Estaba pensando que pod...
- No, ___ -la interrumpió él.
- ¿Que no qué? Vas a necesitar...
- No voy a quedarme aquí.
La mirada fría y vacía que tenía en aquel momento era la misma con la que la había mirado la noche en que lo convocaron. Y a ___ la partió en dos.
- ¿Qué quieres decir? -inquirió ella.
El desvió la mirada.
- Atenea me ha hecho una oferta para devolverme a casa. Una vez rompamos la maldición, me enviará de nuevo a Macedonia.
___ se esforzó por seguir respirando.
- Entiendo -dijo, aunque se estaba muriendo por dentro-. Usarás mi cuerpo y después te irás. -Y siguió con un nudo en la garganta: - Al menos no tendré que pedir a Yari que me lleve a casa después.
Nick retrocedió como si lo hubiese abofeteado.
- ¿Qué quieres de mí, ___? ¿Por qué ibas a querer que me quedara aquí?
Parte 3
Ella no conocía la respuesta. Lo único que sabía era que no quería que se marchara. Quería que se quedara.
Pero no en contra de su voluntad.
- Te voy a decir algo -le dijo. Comenzaba a enfadarse ante la idea de que él desapareciera-; no quiero que te quedes. De hecho, se me está ocurriendo una cosa, ¿qué tal si te vas a casa de Yari por unos días? -y entonces miró a su amiga-, ¿te importaría?
Yari abría y cerraba la boca como un pez luchando por respirar. Nick alargó un brazo hacia ___.
- ___...
- No me toques -le advirtió apartando su propio brazo-. Me das asco.
- ¡___! -exclamó Yari-. No puedo creer que tú...
- No importa -dijo Nick con voz fría y carente de emoción-. Al menos no me ha escupido a la cara con su último aliento.
Lo había herido. ___ podía verlo en sus ojos; pero ella también se sentía muy herida. Terriblemente herida.
- Hasta luego -le dijo a Yari y se marchó, dejando allí a Nick.
Yari dejó escapar el aire lentamente mientras observaba a Nick, que contemplaba cómo ___ se alejaba de ellos. Su cuerpo estaba totalmente rígido y tenía un tic en la mandíbula.
- Donde pone el ojo, pone la bala. Un golpe directo al corazón. Una herida en carne viva.
Nick la dejó clavada con una mirada francamente hostil.
- Dime, Oráculo. ¿Cuáles deberían haber sido mis palabras?
Yari barajó sus cartas.
- No lo sé -le contestó melancólicamente-. Imagino que no te habría ido tan mal si hubieses sido honesto.
Nick se frotó los ojos y se sentó en la silla, frente a Yari. No había tenido intención de herir a ___.
Y jamás podría olvidar esa mirada, mientras le escupía las horribles palabras: «No me toques. Me das asco.»
Se esforzó por seguir respirando, aguantando la agonía. Las Parcas seguían burlándose de él.
Debían tener un día aburrido en el Olimpo.
- ¿Quieres que te lea las cartas? -le preguntó Yari, devolviéndolo al presente.
- Claro, ¿por qué no? -contestó. No iba a decirle nada que no supiera ya.
- ¿Qué quieres saber?
- ¿Alguna vez...? -se detuvo antes de formular la misma pregunta que hiciera, siglos atrás, al Oráculo de Delfos- ¿...conseguiré romper la maldición? -preguntó en voz baja.
Yari barajó las cartas, y sacó tres de ella. Abrió unos ojos como platos.
Nick no necesitaba que las interpretara. Ya lo veía por sí mismo: una torre destrozada por un rayo, un corazón atravesado por tres espadas, y dos personas encadenadas y arrastradas por un demonio.
- No pasa nada -le dijo a Yari-. Jamás he pensado que pudiese salir bien.
- Eso no es lo que nos dicen las cartas -susurró-. Pero tienes toda una batalla por delante.
Nick soltó una amarga carcajada.
- Manejo bien las batallas -era el dolor que sentía en el corazón lo que iba a acabar con él.
___ se limpió las lágrimas de la cara mientras entraba en el camino de acceso al jardín. Apretó los dientes al bajarse del coche, y cerró la puerta con un fuerte golpe.
Al infierno con Nick. Podía quedarse atrapado en el libro para toda la eternidad. Ella no era un trozo de carne a su entera disposición.
¿Cómo pod...?
Buscó en el bolsillo las llaves de la entrada.
- ¿Y cómo no iba a hacerlo? -murmuró. Sacó la llave y abrió la puerta.
La ira la consumía. Estaba siendo irrazonable, y lo sabía. Nick no tenía la culpa de que Robert hubiese sido un cerdo egoísta. Como tampoco era culpable de que ella temiese ser utilizada.
Estaba culpando a Nick por algo en lo que no había participado, pero aún así...
Sólo quería a alguien que la amara. Que alguien quisiera quedarse a su lado.
Y había esperado que al ayudar a Nick se quedara cerca y...
Cerró la puerta y meneó la cabeza. Por mucho que deseara que las cosas fuesen distintas, nada iba a cambiar, puesto que no estaba escrito que fuesen de otro modo. Había escuchado lo que Ben contó acerca de la vida de Nick. La historia que el mismo Nick contó a los niños sobre la batalla.
Recordaba el modo en que había cruzado la calle como una exhalación para salvar al niño.
Él había nacido para liderar un ejército. No pertenecía a esta época. Pertenecía a su mundo antiguo.
Era muy egoísta por su parte intentar mantenerlo a su lado, como si fuese una mascota que acabase de rescatar.
Subió las escaleras penosamente, con el corazón destrozado. Tendría que alejarse de él. Era todo lo que podía hacer. Porque, en el fondo, sabía que cuanto más supiese acerca de Nick, más cariño le cogería. Y si él no tenía intención de quedarse, acabaría muy herida.
Había subido la mitad de la escalera, cuando alguien llamó a la puerta principal. Por un instante, se le levantó el ánimo al pensar que podía ser Nick; hasta que llegó a la puerta y vio la silueta de un hombre bajito esperando en el porche.
Entreabrió la puerta y emitió un jadeo.
Era Jason Carmichael.
Llevaba un traje marrón oscuro, con una camisa amarilla y corbata roja. Se había peinado hacia atrás el pelo corto y negro, y le dedicaba una radiante sonrisa.
- ¡Hola ____!
- Señor Carmichael -lo saludó glacialmente, aunque el corazón le latía a toda prisa. Había algo definitivamente espeluznante en este tipejo delgado-. ¿Qué está haciendo aquí?
- Pasaba por aquí y me detuve para saludar. Se me ocurrió que pod...
- Tiene que marcharse.
Él frunció el ceño.
- ¿Por qué? Sólo quiero hablar contigo.
- Porque no atiendo a mis pacientes en casa.
- Vale, pero yo no soy...
- Señor Carmichael -le dijo con brusquedad-. Tiene que marcharse. Si no lo hace, llamaré a la policía.
Sin hacer mucho caso a la ira de ___, asintió con la cabeza, demostrando tener la paciencia de un santo.
- ¡Vaya! Entonces debes estar ocupada. Puedo pasar por aquí más tarde. Yo también tengo mucho que hacer. ¿Vengo luego entonces? Podemos cenar juntos.
Totalmente muda de asombro, ___ lo miró fijamente a los ojos.
- No.
Él sonrió ante la negativa.
- Vamos, ___. No seas así. Sabes que estamos hechos el uno para el otro. Si me dejas...
- ¡Márchese!
- Muy bien; pero volveré. Tenemos mucho de qué hablar -se dio la vuelta y bajó la escaleras del porche.
Con el corazón martilleando en el pecho, ella cerró la puerta y echó el seguro.
- Voy a matarte, Luanne -dijo mientras se dirigía a la cocina. Al pasar por la salita de estar, una sombra en la ventana llamó su atención.
Era Jason.
Aterrada, cogió el teléfono y llamó a la policía.
Tardaron casi una hora en llegar. Jason permaneció en el jardín todo el tiempo, de ventana en ventana, observándola a través de las rendijas de las persianas. Hasta que no vio que el coche de policía subía por el camino de entrada no desapareció por el patio trasero.
___ tomó una profunda bocanada de aire para calmar sus nervios y abrió la puerta para que pasaran los agentes.
Se quedaron el tiempo suficiente para informarle de que no podían hacer nada para mantener a Jason alejado de ella. Lo mejor que podía hacer era conseguir una orden de alejamiento, pero puesto que era ella la que debía encargarse del tratamiento de Jason hasta que Luanne regresara, era algo totalmente inútil.
- Lo siento -se disculpó el policía en la puerta, mientras los acompañaba-, pero no ha incumplido ninguna ley que nos permita ayudarle a librarse de él. Podría solicitar una orden de detención por allanamiento, pero a menos que tenga antecedentes no servirá de nada.
El agente, un hombre joven, la miró compasivo.
- Sé que no le va a servir de mucho consuelo, pero podemos intentar patrullar la zona con más frecuencia. Aunque el verano es una época especialmente ajetreada para nosotros. A modo personal, le aconsejo que se marche a casa de un amigo durante un tiempo.
- De acuerdo, muchas gracias -tan pronto como se marcharon, corrió por toda la casa, asegurando puertas y ventanas con los cerrojos y pestillos.
Intranquila, lanzaba miradas en torno a su propio hogar, esperando ver a Jason entrar a través de un agujero en la pared, como si se tratara de una cucaracha.
Si tan sólo supiera realmente si el tipo era o no peligroso... Su informe del hospital psiquiátrico mencionaba un comportamiento desviado y persecutorio hacia mujeres, a las que acosaba pero jamás hería físicamente. Se limitaba a aterrorizar a sus víctimas imponiéndoles su presencia continuamente, por lo cual había sido enviado al hospital para comenzar a tratarlo.
Como psicóloga, ___ sabía que no había nada especialmente peligroso en Jason, pero como mujer estaba asustada.
Lo último que quería era acabar como una estadística más.
No, no podía quedarse allí esperando que el tipo regresara y la encontrara sola.
Se apresuró a subir las escaleras para hacer el equipaje.